|
Mientras que, por un lado, se sabe que las personas con diabetes tienen mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, los factores que contribuyen a este estado no se comprenden plenamente. En este artículo, Antonio Ceriello examina la importancia del funcionamiento tras las comidas del organismo en el desarrollo de enfermedades cardiacas.
Cada vez son más las pruebas que sugieren que en personas con o sin diabetes las anormalidades del funcionamiento del organismo tras las comidas son importantes factores que contribuyen al desarrollo de aterosclerosis. La absorción de la comida que se digiere es un fenómeno complejo: después de comer (durante la fase postprandial), las personas registran simultáneamente un alto nivel de lípidos y de glucosa en la sangre. Este es el caso de las personas con diabetes y de quienes tienen una alteración de la tolerancia a la glucosa (ATG). En personas que no tienen diabetes, los altos niveles postprandiales de triglicéridos suponen un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares; en personas con la afección, se cree que un nivel excesivamente alto de glucosa en sangre es un factor de riesgo independiente para las enfermedades cardiovasculares.
Dos factores ¿dos riesgos por separado?
Durante las 5 ó 6 horas que transcurren tras una comida, las personas con diabetes experimentan un aumento simultáneo de triglicéridos y glucosa en sangre. El diferente papel e importancia relativa al aumento de estas dos sustancias en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares sigue siendo tema de debate.
Por lo general, se defiende que unos niveles postprandiales excesivamente altos de triglicéridos y glucosa en sangre podrían ser factores importantes para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Este concepto viene apoyado por las pruebas de que ambos provocan una alteración de la función de la fina capa de células que recubre los vasos sanguíneos del organismo (el endotelio). Esto provoca anormalidades de la relajación arterial, lo que a su vez contribuye a desarrollar enfermedades cardiovasculares. Mientras que, por otro lado, existe un amplio consenso en cuanto a que estos dos factores unidos son un marcador precoz de aterosclerosis y podrían predecir enfermedades cardiovasculares, el papel del alto nivel de glucosa en sangre (hiperglucemia) independientemente de un alto nivel concomitante de lípidos en sangre (hipertrigliceridemia) se ha cuestionado con frecuencia.
Con frecuencia se cuestiona el papel del alto nivel de glucosa en sangre independientemente de un alto nivel concomitante de lípidos en sangre.
Estrés oxidante
En estudios recientes, cuando la hiperglucemia y la hipertrigliceridemia estaban presentes simultáneamente, se vio una mayor alteración de la función endotelial en comparación con la observada durante la hiperglucemia o la hipertrigliceridemia por sí solas. Esto sugiere que estos dos factores tienen un efecto independiente pero acumulativo sobre las células endoteliales. Una teoría es que el mecanismo mediante el cual la hiperglucemia y la hipertrigliceridemia postprandiales producen esta difusión endotelial se ve desencadenada por estrés oxidante, lesiones producidas por formas altamente reactivas de oxígeno.
Fuera del organismo, el estrés oxidante es el proceso que hace que las manzanas se vuelvan marrones y que el hierro se oxide. Éste está producido por moléculas con "radicales libres". Dentro del organismo, las células utilizan el oxígeno para fijar la energía procedente del alimento. Este proceso produce los radicales libres del oxígeno. Estos son destructivos debido al electrón no emparejado de la moléculas, que hace que la molécula sea altamente reactiva y, por lo tanto, inestable.
El radical libre se vuelve estable al interactuar con la molécula disponible más cercana, siendo su objetivo los grasas (lípidos), las proteínas y el ADN. Como resultado, estas moléculas podrían verse dañadas y sus células destruidas. El organismo produce antioxidantes naturales para combatir los radicales libres y reducir su impacto destructivo; nuestra dieta es otra fuente de antioxidantes.
Nuestra dieta es una fuente de antioxidantes
El estrés oxidante se define, por lo tanto, como un desequilibrio entre la producción de radicales libres y de defensas antioxidantes. Sabemos que el estrés oxidante aumenta al combinarse la hiperglucemia y la hipertrigliceridemia. Hallazgos recientes sugieren que la hiperglucemia y la hipertrigliceridemia producen de manera aislada un aumento del estrés oxidante. Esta sugiere que el estrés oxidante podría representar al menos uno de los mecanismos por los cuales se suman los efectos de los altos niveles de glucosa en sangre y triglicéridos sobre la función endotelial.
Ante los hallazgos que acabamos de describir, se hacen importantes interrogantes. Las enzimas del intestino reaccionan tanto ante la glucosa como antes los lípidos (especialmente los ácidos grasos libres, que forman parte de los triglicéridos), con el fin de producir energía. Tal y como hemos descripto anteriormente, esto va acompañado de la producción lenta de radicales libres, cuyo efecto es el desgaste natural de nuestro órgano tras llegar a la madurez. Sin embargo, cuando la ingestión calórica de una persona excede la energía que gasta, se genera un exceso de estos destructivos radicales libres.
Cuando la ingestión calórica excede la energía que se gasta, se genera un exceso de radicales libres destructivos.
Hoy reconocemos la importancia de este exceso de producción de radicales libres. Se ha postulado que este podría estar tras el desarrollo de complicaciones diabéticas y tras el progreso desde la insensibilidad (resistencia) a la insulina hacia la diabetes, también acompañado de un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Las personas con diabetes experimentan continuadamente aumentos muy frecuentes y rápidos de los niveles de glucosa, insulina y lípidos (en su mayoría triglicéridos) en sangre, en especial tras las comidas. Si la glucosa y /o la insulina y / o los lípidos en sangre son determinantes importantes del estrés oxidante en la diabetes, el aumento de los mismos tras las comidas debería por lo tanto jugar un importante papel en la producción de estrés oxidante. Esta hipótesis está apoyada por un estudio que muestra que el desarrollo tanto de la difusión endotelial como del estrés oxidante puede prevenirse si se controla de manera eficaz la hiperglucemia postprandial.
Preparación y procedimiento de los alimentos
La asociación entre enfermedades cardiovasculares y una dieta rica en grasas es bien conocida. Sin embargo, se ha hablado poco del papel que juegan la preparación y el procedimiento de nuestros alimentos, a pesar de su obvia relevancia: la mayoría de la comida que consumimos hoy en día ha sido procesada de algún modo; durante estos procesos tienen lugar algunas reacciones que pueden convertir nuestros alimentos en algo muy dañino.
Grasas poliinsaturadas
Las grasas poliinsaturadas, por ejemplo, que parecen ser buenas para prevenir la arteriosclerosis , se transforman en peróxido al cocinarse. Esto las convierte en dañinas. La peróxidos presentes en algunos alimentos antes de ser consumidos se oxidan aún más mediante las enzimas intestinales.
Conservantes
Y, lo que es más, se generan productos finales de glucosilación avanzada (AGEs) durante los procesos que se utilizan para hacer que los alimentos duren más. Los AGEs son una fuente importante de radicales libres. Tanto los peróxidos generados a partir de grasas como los AGEs son absorbidos a través del intestino y pasan directamente a la sangre. En consecuencia, surge la hipótesis de que estos contribuyen directamente a la producción de un estrés oxidante durante las comidas
Antioxidantes contra los peróxidos
En condiciones normales, la producción de estrés oxidante tras las comidas se controla mediante las defensas antioxidantes de la sangre. En la diabetes, las defensas antioxidantes se ven más reducidas. Tras las comidas, este estado se une a la hiperglucemia y se genera un desequilibrio en el sistema.
Ingerir antioxidantes puede mantener bajo control el estrés oxidante que se genera al comer.
En un estudio reciente, se registró un aumento considerable tras las comidas de los niveles de peróxidos en sangre de las personas con diabetes con un control metabólico inadecuado. Además, en estas personas, el aumento de los niveles de glucosa es mayor que el de las personas con diabetes con un buen control metabólico
También se demostró que, en personas con o sin diabetes, la ingestión de antioxidantes, como los que se encuentran en el vino tinto, puede mantener bajo control el estrés oxidante que se genera al comer.
Los aumentos agudos de la glucosa en sangre producen cambios del estrés oxidativo en personas sin diabetes, así como en personas con la afección. Podemos decir, a manera de hipótesis, que los efectos de un aumento rápido de los niveles de glucosa en sangre se pueden unir a los que provoca la hiperglucemia crónica.
La importancia exacta de este fenómeno no se comprende con exactitud ni se puede cuantificar hoy por hoy. Sin embargo, ya las personas con diabetes experimentan repentinamente aumentos rápidos y continuados de los niveles de la glucosa en sangre durante las 5 ó 6 horas que transcurren tras las comidas, sería adecuado considerar que estas podrían influir sobre la aparición de complicaciones diabéticas como las enfermedades cardiovasculares.
La aterosclerosis es una etapa de las enfermedades cardiacas que consiste en que las grasas se depositan en la cara inferior de las paredes arteriales.
Una persona tiene alteración de la tolerancia a la glucosa (ATG), cuando sus niveles de glucosa (azúcar) en sangre son superiores a lo normal, pero están por debajo del nivel de los de una persona con diabetes. La mayoría de las personas con ATG corre un riesgo mayor a desarrollar diabetes tipo 2.
Los triglicéridos son la grasa blanca que hacemos en la carne. Los triglicéridos de la sangre proceden de grasa consumidas con la comida pero también se fabrican en el organismo a partir de otras fuentes de energía, como los carbohidratos. Cualquier caloría que se consuma en una comida que supere los requisitos del organismo se convierte en triglicérido y se transporta hacia células adiposas para su almacenamiento. El exceso de triglicéridos en sangre está vinculado a las enfermedades cardiovasculares y a otras enfermedades arteriales. Un nivel elevado de triglicéridos podría ser consecuencia de una diabetes controlada de manera inadecuada.
La arteriosclerosis es el endurecimiento de las arterias como resultado de la aterosclerosis.
Los productos finales de glucosilación avanzada (AGEs) se generan cuando la glucosa se une químicamente a las proteínas. Los AGEs son dañinos para los vasos sanguinos, lo cual puede generar complicaciones diabéticas. |
|