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Las expresiones del apetito y la saciedad son actos concientes regulados mediante la interacción de múltiples factores. Sus alteraciones nos llevan a la obesidad; donde interactúan factores genéticos, ambientales y metabólicos.
Animales con lesión en el hipotálamo ventromedial mostraron hiperfagia y los con lesión ventrolateral tenían afagia llegando a producir la muerte por ayuno. Así mismo son conocidos los mecanismos neuroendócrinos en donde intervienen sustancias de diferente naturaleza, en el papel de mediadores del control del apetito, como la serotonina y la noradrenalina. Existen nuevos péptidos identificados en estas funciones:
- El neuropéptido Y, potente estimulante del apetito, sintetizado en el hipotálamo y transportado por axones hacia el núcleo paraventricular. La expresión de su ARNm aumenta por efecto de la insulina y glucocorticoides, disminuye por acción de la leptina y estrógenos.
- La MSH es una melanocortina derivada de la pro – opiomelanocortina a nivel del SNC, actúan en cuatro tipos de receptores (MCR1, 2, 3 y 4). Su acción en los receptores MCR3 – MCR4 inhibe el apetito. Mutaciones del receptor MCR4 se han descrito en un 4
- 8 % de las cohortes de pacientes obesos estudiados.
Su efecto secretagogo de hormona de crecimiento, jugaría un rol principal en el control del apetito, metabolismo de carbohidratos y gasto energético. La ingesta disminuye los niveles circulantes de ghrelina y el ayuno los aumenta. En obesos tratados con gastroplastia, los niveles de ghrelina disminuyen, este descenso podría contribuir a la reducción de peso en la terapia quirúrgica en relación con la dieta.
La leptina sintetizada por el tejido adiposo inhibe al NPY en el hipotálamo y así suprime el apetito. Su administración parenteral e intratecal reduce la ingesta alimentaria, incrementa el gasto energético y se asocia a una significativa reducción del peso corporal. La obesidad guarda relación con la resistencia a la leptina.
La colecistoquinina provoca constricción pilórica inhibiendo el vaciamiento gástrico contribuye a su distensión, produciendo sensación de llenado y saciedad. Envía al SNC señales de saciedad por vía vagal.
Las concentraciones plasmáticas de insulina son proporcionales al volumen de adipositos. En el SNC inhibe la expresión del neuropéptido Y.
Los mediadores del sistema endocannabinoide son las aciletanolamidas, que incluyen a la araquidoniletanolamida (anandamida), la palmitoiletanolamida que actúan en los receptores cannabinoides CB1 del sistema nervioso central y del CB2 del sistema nervioso periférico respectivamente; la oleiletanolamida, un anorexígeno, es un ligando del PPAR alfa y la oleilamida es un compuesto inductor del sueño. La anandamida interviene promoviendo la ingesta, actuando en centros hipotalámicos directamente o a través de neuropéptidos como CCK, NPY, oxitocina o de la leptina. La oleiletanolamida inhibe la ingesta y la incorporación de glucosa y ácidos grasos por los adipositos, activando el metabolismo lipídico en el hígado, reduciendo los triglicéridos y el colesterol plasmáticos. El rimonabant, bloqueador del receptor CB1, tras un año de administración mostró eficacia en la reducción del peso y del perímetro abdominal, así como en la disminución de los triglicéridos y el aumento del HDL – colesterol.
El péptido YY-36 intestinal mostró ser un poderoso inhibidor de la ingesta actuando a nivel del SNC. El péptido liberador de prolactina es un anorexígeno, las neuronas que lo producen contienen receptores de leptina.
El descubrimiento de mutaciones en los genes y sus receptores, involucrados en el control de la ingesta / saciedad y gasto han permitido identificar nuevas causas de obesidad. La mutación en el PPAR se relaciona con obesidad, diabetes tipo 2 (DM), hiperinsulinemia, hipertensión, esteatohepatitis y lipodistrofia parcial en extremidades y glúteos con preservación de la grasa visceral.
Una molécula segregada por los adipositos, el RBP4, se correlacionó con la resistencia a la insulina en personas obesas, con intolerancia a la glucosa o DM y en personas no diabéticas sin obesidad, pero con antecedentes familiares de DM. También los niveles de esta molécula estarían elevados antes del desarrollo de DM.
Los factores ambientales condicionan la conducta alimentaria, entre ellos los hábitos y tradiciones familiares, la presión social, disponibilidad de alimentos, simbolismos afectivos, estados de ansiedad y depresión, incapacidad para adaptarse a cambios de requerimientos energéticos.
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