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La obesidad va en permanente aumento. Más de un billón de personas en el mundo tiene el problema de la obesidad, reconocida ahora como una enfermedad ya que una vez que se tiene sobrepeso y obesidad todas las alteraciones metabólicas que ocurren la hacen realmente una enfermedad crónica.
En el Coronary Artery Risk Development in Young Adults (CARDIA Study) entre los años 1960 a 1980 se observó una tendencia incrementada de peso corporal (0.6 a 1 kg/año) en jóvenes adultos. La frecuencia de obesidad duplicó en todos los grupos de raza y género, llegando a 31 % en mujeres y 22 % en hombres.
Hay evidencia que casi cualquier ganancia de peso después de la adolescencia está asociada con riesgo mayor de diabetes. En el Nurses Health Study el riesgo de desarrollar diabetes 2 (DM2) incrementaba linealmente con el aumento de la cintura.
Hay una clara relación entre IMC con exceso de mortalidad y tiene valor predictivo de riesgo para síndrome coronario agudo (SCA) en pacientes con aterosclerosis coronaria.
La adiposidad visceral lleva a hipertensión, insulinoresistencia, hiperfiltración, pérdida de la función renal y todas las otras situaciones que agravan la patología de base de nuestro paciente.
Despres propuso la tríada metabólica aterogénica, consistente en hiperinsulinemia, elevada apolipoproteína (apo) B e incremento de partículas pequeñas y densas de LDL. Así mismo sugirió que como un sucedáneo para esta tríada aterogénica, se use la circunferencia de cintura y los niveles de triglicéridos (TG). La circunferencia de cintura fue predictiva de la incidencia del síndrome metabólico (SM), independiente del nivel de IMC.
El nuevo criterio de SM de la IDF requiere la presencia de un aumento de cintura, junto con otros dos factores de riesgo (FR) cardiovascular. En el Botnia Study, individuos con SM tenían 2 – 3 veces más probabilidad de morir de un evento cardiovascular adverso que individuos sin SM.
La célula adiposa tiene un lote de componentes interesantes, como la: leptina, factor de necrosis tumoral alfa y prostaglandinas.
La obesidad visceral es la forma de obesidad asociada con niveles reducidos de adiponectina. Hay evidencia del papel protector de adiponectina, bajas concentraciones de adiponectina se han encontrado en enfermedad arterial coronaria.
En relación a PA sistólica, gente con muy bajo IMC, pero si tienen cintura aumentada, tendrán PA alta. La hiperinsulinemia ha sido involucrada en la etiología de la hipertensión asociada a la obesidad. Estudios epidemiológicos demuestran claramente la asociación entre resistencia insulínica, hiperinsulinemia e hipertensión.
En sujetos libres de enfermedad cardiaca coronaria (ECC) basal, hubo una directa, independiente y continua relación entre circunferencia de cintura y riesgo de ECC, infarto de miocardio agudo, eventos CV en general y muerte súbita cardiaca.
Personas con alta adiposidad intraabdominal (AIA) tienden a tener mayores niveles de TG y menor HDL que los sujetos con baja AIA.
Niveles elevados de PAI – 1 indican una fuente adicional de riesgo cardiovascular incrementado asociado con AIA.
La PCR es un marcador simple que integra riesgo cardiovascular. Personas que tienen peso normal tienen muy bajos niveles de PCR, y aquellos con niveles altos tienen aumento de peso.
Lo bueno es que después de perder peso, todo esto es modificable, uno puede reducir la PCR. Y como sabemos por el estudio PROVE – IT TIMI 22, reduciendo la PCR se puede llevar a reducción de eventos clínicos.
La disminución de peso en el diabético da mejoría en el desarrollo de DM2 o del SM. Finalmente, la mortalidad CV también se modifica si se controla el peso y la AIA.
La AIA es una causa mayor de desorden cardiometabólico (dislipidemia, resistencia a la insulina, DM2, SM, inflamación y trombosis).
La magnitud de la epidemia de obesidad, su contribución a enfermedades crónicas, el costo para el individuo y la sociedad, y la ausencia de terapias efectivas son un llamado de atención a la comunidad médica.
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