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Resúmenes de Investigaciones.
La diabetes supone un riesgo mayor que la obesidad
Nuevas investigaciones sugieren que la diabetes (y no la obesidad) hace que las personas corran el riesgo de desarrollar enfermedades críticas y mueran prematuramente. Científicos de los EEUU analizaron datos, como el IMC (índice de masa corporal), la presencia de diabetes y el historial clínico de enfermedades críticas y muerte en 3 años, procedentes de 15.408 personas con edades comprendidas entre los 44 y los 66 años.
Se documentó que las personas obesas sin diabetes tenían el mismo riesgo de contraer enfermedades críticas que las personas con un IMC normal. Pero, independientemente de su IMC, las personas con diabetes tenían una probabilidad tres veces mayor de enfermar críticamente por fallos orgánicos y una probabilidad tres veces mayor de morir por cualquier causa que las personas sin diabetes.
Los autores llegaron a la conclusión de que, mientras que la obesidad por sí misma no es un indicador importante ni de fallo orgánico ni de muerte durante o después de un fallo orgánico, la diabetes es un fuerte indicador tanto de fallo orgánico agudo como de muerte tras el mismo.
Aumenta el riesgo de diabetes con las papas fritas
Es una creencia ampliamente extendida que comer papas va asociado al aumento de peso y al riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Un estudio reciente tuvo como objetivo examinar esta relación. Este estudio realizó un seguimiento durante 20 años a 85.000 mujeres como parte del Estudio sobre la salud de los enfermeros de los EEUU con edades comprendidas entre los 34 y los 59 años, sin historial previo de enfermedad crónica. Se registraron casi 4.500 casos de diabetes tipo 2. Se encontró una asociación positiva entre el consumo de papas, especialmente fritas, y el aumento del riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
No nos sorprende que esta asociación fuese mayor en mujeres con obesidad. Estos hallazgos sugieren que reducir el consumo de papas fritas podría reducir el riesgo de diabetes tipo 2.
Tratamiento contra el cáncer de próstata y riesgo de diabetes.
Según un estudio recientemente publicado, los hombres que se someten al tratamiento habitual para el cáncer de próstata tienen un 44 % más de probabilidades de desarrollar diabetes. La finalidad de la terapia de supresión androgénica es reducir los niveles de testosterona y en, consecuencia, retrasar el progreso del cáncer de próstata. El tratamiento implica ya sea el uso de medicamentos denominados agonistas GnRH o la orquidectomía (extirpación quirúrgica de los testículos).
Los científicos desarrollaron un gran estudio observacional sobre la asociación entre estos tratamientos y la diabetes, la enfermedad coronaria cardiaca, el infarto de miocardio y la muerte repentina cardiaca. Descubrieron que, mientras que los varones tratados mediante orquidectomía tenían una probabilidad mayor de desarrollar diabetes pero no enfermedad cardiaca, infarto de miocardio o muerte cardiaca repentina, el uso de medicamentos agonistas aumentaba el riesgo de enfermedad cardiovascular en un 16%.
Los investigadores llegaron a la conclusión de que los beneficios del tratamiento mediante agonistas GnRH debería sopesarse teniendo en cuenta los riesgos potenciales de desarrollar diabetes y enfermedad cardiovascular. Pidieron que se siga investigando para identificar a los varones de alto riesgo de complicaciones relacionadas con este tratamiento y se desarrollen estrategias de prevención.
Posible vínculo con el cáncer
Los investigadores llevan ya tiempo sospechando que existe un vínculo entre la diabetes y el cáncer, pero aún no han podido encontrar pruebas concluyentes. Recientemente, sin embargo, un gran estudio prospectivo llevado a cabo en Japón en el que participaron casi 98.000 personas reveló que las personas con diabetes tienen una mayor probabilidad de desarrollar cáncer, especialmente de ciertos órganos, como el páncreas y el hígado. Se descubrió que los varones con diabetes tenían un 27 % más de probabilidades de que se les diagnosticase un cáncer que quienes no tenían la afección; las mujeres con diabetes también corrían un mayor riesgo de cáncer, aunque la asociación no quedó tan clara como en el caso de los varones.
Los investigadores explicaron que el desarrollo ya sea de diabetes o cáncer podría ir vinculado en ambas direcciones, y ambas podrían ir relacionadas con la obesidad en muchos casos. Los autores indicaron que las personas con diabetes realizan más visitas a su médico que la población en general. Esta vigilancia, más estrecha, podría tener como resultado un aumento del número de diagnósticos de cáncer.
Amamantar reduce el riesgo de diabetes tipo 2.
Nuevas investigaciones han revelado que dar de mamar reduce el riesgo de desarrollo de diabetes tipo 2. Un estudio desarrollado en los EEUU realizó un seguimiento a 15.000 niños y niñas de edades comprendidas entre los 9 y los 14 años. Se descubrió que, tanto si sus madres tenían sobrepeso o diabetes como si no, los niños amamantados durante su primer año de vida tenían una probabilidad menor de ser obeso al crecer.
Un estudio previo sugirió que los niños amamantados por madres con diabetes desarrollaron una tolerancia insuficiente a la glucosa y aumentaron de peso excesivamente cuando empezaron a crecer. Pero el nuevo estudio incluyó a madres sin diabetes, así como a quienes tenían la afección, y sus hallazgos contrastan enormemente con las investigaciones anteriores. Los investigadores llegaron a la conclusión de que sus datos respaldan que todas las madres deberían amamantar a sus bebés a fin de reducir el riesgo de sobrepeso infantil.
Esperanzas de una cura.
Un nuevo tratamiento parece haber curado la diabetes en ratas y se espera que éste pueda convertirse en un tratamiento para personas con diabetes tipo 2. Se obtuvo tejido de cerdos justo antes de que se convirtiese en páncreas, un estado que se conoce como “primordial”. Después se implantó este tejido en ratas. Los científicos descubrieron que el tejido logró regular la glucosa en sangre de las ratas, consiguiendo así “curar” la diabetes de dichos animales.
También se descubrió que, cuando los páncreas embrionarios de cerdo se transplantaron, las ratas no necesitaron de medicación inmunosupresora para evitar el rechazo. Los tejidos en etapa primordial gozan del “privilegio inmune” que les permite sobre-vivir sin ser atacados por el organismo receptor.
Las ratas macho se curaron completamente: su nivel de glucosa en sangre volvió a lo normal, así como su sensibilidad a la insulina. Los transplantes también lograron tener éxito en los roedores hembra, pero su diabetes se curó tan sólo tras realizar cambios en la dieta para eliminar el consumo de alimentos grasos. Las hembras mantuvieron un grado de insensibilidad a la insulina, pero sus niveles de glucosa en sangre regresaron a lo normal.
Más pruebas: las intervenciones sobre el estilo de vida encierran la clave de la prevención.
Los investigadores han añadido al creciente banco de pruebas sólidas que la pérdida de peso es el factor clave a la hora de reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en personas con sobrepeso y obesidad. El estudio exploró la contribución de los cambios en el peso, la dieta y la actividad física sobre el riesgo de diabetes entre las personas que participaron en el Diabetes Prevention Program.
Se averiguó que las personas que se sometieron a intervenciones intensivas sobre el estilo de vida redujeron su riesgo de diabetes de manera importante (en un 58 % en un período de 3 años), en comparación con los participantes a los que se asignó un placebo.
Las personas que participaron en el estudio estaban consideradas de alto riesgo de desarrollo de diabetes: todas ellas sufrían sobre peso y alteración de la tolerancia a la glucosa. En el estudio, la ingestión de lípidos de los participantes se redujo hasta quedar por debajo del 25 % del total de calorías. Las intervención sobre el estilo de vida también animó a los participantes a realizar ejercicio moderado durante un mínimo de 2,5 horas semanales.
Se averiguó que la pérdida de peso era crucial para prevenir la diabetes. La reducción de la ingestión de lípidos y el ejercicio ayudó a los participantes a perder peso; y el ejercicio permitió a las personas mantener el peso corporal. Se llego a la conclusión de que las intervenciones para reducir el riesgo de diabetes deberían tener como objetivo la pérdida de peso.
El peligro de la aparición precoz
Un estudio longitudinal realizado entre la comunidad Pima de los EEUU reveló que las personas que desarrollaron diabetes tipo 2 antes de cumplir los 20 años corren un riesgo mayor de insuficiencia renal y muerte prematuras. Los índices de muerte de los participantes con diabetes de aparición precoz eran tres veces mayores que los de las personas sin diabetes. El índice de enfermedad renal terminal era mucho mayor en quienes desarrollaron precozmente diabetes tipo 2 que en las personas de la misma edad con una diabetes de aparición posterior (entre los 25 y los 44 años).
El pueblo Pima tiene altos índices de diabetes tipo 2. según los investigadores, la prevalencia de la afección entre los jóvenes Pima se ha duplicado entre 1967 y 1998.
El índice de insuficiencia renal en personas con diabetes de aparición durante la juventud era ocho veces superior al de aquellos que la desarrollaron entre los 25 y los 34 años; cinco veces superior que en personas que desarrollaron diabetes entre los 35 y los 44 años; y cuatro veces superior que en quienes la desarrollaron entre los 45 y los 54 años.
Las personas sin diabetes que participaron en el estudio tenían los índices de fa-llecimiento más bajos. De hecho, si los comparamos con las personas sin diabetes, el índice de fallecimiento era tres veces mayor en personas con diabetes desarrollada en la juventud. Mientras que la causa de muerte más común en participantes sin diabetes era la hepatitis alcohólica, más de la mitad de los participantes con diabetes murió de complicaciones de origen diabético: insuficiencia renal, enfermedad cardiovascular o infecciones.
La epidemia de diabetes amenaza los presupuestos de la Europa del Este.
Según datos recientemente publicados por la FID, más de 53 millones de personas viven con diabetes en Europa, el 8,4 % de los adultos de esta región. A menos que se adopten acciones preventivas, esta cifra aumentará hasta el 9,8 % para 2025.
La FID advirtió recientemente que, tanto en términos humanos como económicos, los países de la Europa del Este serán los más afectados. Aunque los índices de prevalencia de diabetes son similares a los de Europa Occidental, las infraestructuras sanitarias del Este afrontan una mayor amenaza debido al bajo desarrollo económico. Se teme que estos países se vean obligados a realizar grandes esfuerzos para poder afrontar esta epidemia. La OMS calcula que, tan sólo en la Federación Rusa, la diabetes, la enfermedad cardiaca y el derrame cerebral, combinados, costarán cerca de 303 billones de USD en pérdidas de ingresos nacionales en los próximos 10 años.
La fibra protege de la diabetes gestacional.
Un estudio reciente descubrió que las mujeres que consumían una dieta de alto contenido en fibras antes de quedar embarazadas tenían una probabilidad menor de desarrollar diabetes gestacional. La fibra del estudio procedía principalmente del consumo de verduras, frutas, cereales y pan integral. Por cada 10 g de ingestión diaria de fibra hubo una reducción del 26 % del riesgo de diabetes gestacional. Los investigadores destacaron los efectos negativos de una dieta con bajo contenido en fibra. En su estudio, las mujeres con una alta carga glucémica y un bajo contenido de fibra en la dieta tenían una probabilidad dos veces mayor de desarrollar diabetes gestacional, y por lo tanto un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 con el paso del tiempo.
El ejercicio por sí solo no puede prevenir la obesidad infantil.
Investigadores escoceses estudiaron los efectos del ejercicio sobre el IMC de 545 niños de edad preescolar. Resulta que el ejercicio físico tiene pocas probabilidades de tener un efecto independiente a la hora de reducir el nivel de sobrepeso.
Todos los niños del estudio tenían alrededor de 4 años y asistían a la guardería. Participaron en un programa de actividad física de 30 minutos tres veces por semana.
Sus padres recibieron educación sobre estrategias para aumentar la actividad física del niño en casa. Los índices de IMC se midieron a los 6 y a los 12 meses. El comportamiento de los niños también fue monitorizado con el fin de medir los efectos del programa de sedentarismo y / o actividad física en general. Se observó que el aumento de ejercicio tenía un efecto muy pequeño sobre el IMC o sobre el comportamiento físico de los niños. Sin embargo, se encontraron mejoras de la motricidad que, según los investigadores, y, por lo tanto, influir sobre sus niveles de grasa corporal a largo plazo.
Los autores llegaron a la conclusión de que, con el fin de prevenir la obesidad infantil, es necesario realizar cambios en el entorno general del niño además de los realizados en la escuela y en casa. Se sugirió que los cambios en la dieta podrían ser la clave de la salud y el bienestar del niño en la escuela y en casa. Se sugirió que los cambios en la dieta podrían ser la clave de la salud y el bienestar del niño.
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