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LA ESTANDARIZACIÓN DE LA HEMOGLOBINA GLUCOSILADA: ¿ES
DESEABLE?
Del Prato, S y Felton, A
La medición de la hemoglobina glucosilada (como HbA 1c) es fundamental
en la atención a la diabetes. Es la medida que sirve a los profesionales
para relacionar el control de la glucosa en sangre con el riesgo de complicaciones,
como lesiones oculares o insuficiencia renal. Sin embargo, la falta de
estandarización de los métodos utilizados para medir la
hemoglobina glucosilada provoca amplias variaciones entre los resultados
y es una de las limitaciones actuales para el uso eficaz de los resultados
de la HbA (1c) como indicadores del riesgo de una persona de desarrollar
dichas complicaciones.
Dos estudios de cuidadoso diseño
utilizaron mediciones de hemoglobina glucosilada para definir
la relación entre control de los niveles de glucosa
en sangre y los resultados de la diabetes: el Diabetes Control
and Complications Trial (DCCT), realizado con personas con
diabetes tipo 1, y el UK Prospective Diabetes Study (UKPDS),
hecho con personas con diabetes tipo 2.
Estos estudios demostraron que los niveles de hemoglobina
glucosilada sirven como medida del riesgo de desarrollo de
complicaciones diabéticas. Estas investigaciones,
que han marcado un hito, utilizaron un ensayo estandarizado
denominado “estándar del DCCT”. El proceso
de “alineación” de los resultados numéricos
con el método DCCT ha sido el más ampliamente
utilizado por el Programa Nacional de Estandarización
de la Glucohemoglobina de los EEUU (National Glycohemoglobin
Standardization Program, NGSP)
El problema
Tras dichos estudios, hubo una extendida
armonización de los ensayos clínicos conforme
al estándar del DCCT en todo el mundo. Sin embargo,
la hemoglobina glucosilada tiene distintos compuestos glucosa – hemoglobina,
que incluyen la HbA (1a), HbA (1b), y la HbA (1c). En consecuencia,
hay más de 30 métodos distintos en el mercado
para medir la hemoglobina glucosilada.
Esta falta de estandarización de los
métodos utilizados para medir la hemoglobina glucosilada
produjeron una amplia variabilidad entre los resultados de
los distintos métodos, con valores que oscilan entre
el 4,0 % y el 8,1 % con una misma muestra de sangre. En varios
países, incluidos los EEUU, Suecia y Japón,
se utilizó un proceso de estandarización basado
en el método de referencia DCCT y otros programas
análogos de estandarización. Esto ha reducido
la variabilidad entre los resultados de la hemoglobina glucosilada.
Sin embargo, existía la necesidad urgente de encontrar
un método que se pudiese aplicar de un modo más
universal para medir la hemoglobina glucosilada.
Recientemente, el Grupo de trabajo para la
Estandarización de la HbA (1c) y HbA 0 puras y desarrolló un
método de referencia para la hemoglobina glucosilada.
Cuando se compararon a la vez muestras de sangre, se reveló una
relación linear entre los resultados de la HbA 1c,
del método de referencia de la IFCC y los de los planes
de estandarización de los Estados Unidos, Japón
y Suecia.
Desgraciadamente, al compararlos con los
resultados del NGSP, los resultados de hemoglobina glucosilada
obtenidos por el método de la IFCC eran bastante más
bajos (entre un 1,3 % y un 1,9 % dentro del abanico relevante
de la hemoglobina glucosilada). Estos hallazgos han generado
un debate considerable sobre cómo deberían
registrarse los datos sobre hemoglobina glucosilada.
Buscar una solución
En 2004, se formó un grupo
de trabajo con la misión de armonizar los registros
de hemoglobina glucosilada. El grupo, denominado Grupo de
Trabajo para el Ensayo sobre HbA 1c, estaba formado por miembros
de la ADA / EASD / FID, y varios representantes de la NGSP
y la IFCC. En su primera reunión, la tarea del grupo
de Trabajo era doble:
- Revisar las oportunidades procedentes del
desarrollo de un nuevo método de referencia de la
IFCC para la medición de la hemoglobina glucosilada.
- Hacer
recomendaciones sobre dicha implementación.
El Grupo de Trabajo revisó cuidadosamente la tecnología
actual para la medición de la HbA 1c y el historial
del nuevo método de referencia de la IFCC. Se acordó que
el método de referencia de la IFCC se convertiría
en el estándar mundial de referencia, y que todos
los fabricantes deberían calibrar sus instrumentos
en función de este nuevo estándar “ancla”.
Este cambio implicaría una reducción de las
lecturas registradas de HbA 1c (entre un 1 % y un 2 % más
bajas de las que se registran en la actualidad).
Muchas personas no comprenden la correlación entre
prueba de HbA 1c, niveles de glucosa en sangre y diabetes.
La hemoglobina (Hb)
es la proteína
de los hematíes que transporta oxígeno hacia
las células. La HbA 1c (hemoglobina glucosilada),
es la hemoglobina que se ha combinado permanentemente con
la glucosa presente en la sangre. Debido a que la cantidad
del complejo que forma es proporcional a la concentración
media de glucosa en sangre, y a que la glucosa permanece
unida a la HbA 1c durante toda la vida de la célula
(unos 3 meses), un análisis de sangre que mida la
HbA 1c reflejará el nivel medio de glucosa en sangre
de una persona durante dicho período de tiempo, y
por lo tanto, puede utilizarse como medida del control de
glucosa en sangre a largo plazo.
Como resultado, habría una reducción de las
referencias aceptadas para considerar el control de glucosa
en sangre como “normal”, “bueno” o “insuficiente”.
Concientes de dichas implicaciones, el Grupo habló sobre
dos posibilidades. ¿Deberían registrarse las
mediciones de hemoglobina glucosilada mediante el uso de
las cifras de la IFCC? Esto implicaría un descenso
abrupto de los resultados individuales. O, ¿debería
utilizarse la relación linear con el método
de la DCCT para convertir las nuevas lecturas de nuevo a
la gama de valores actuales? Esta opción apenas exigiría
un cambio, si es que lo exige en absoluto, de las cifras.
En la tabla I encontrará una lista de los puntos clave.
Se acordó que el propio nombre de la prueba (“HbA
1c”, “A 1c” o “hemoglobina A 1c”)
resulta confuso, ya que sugiere un trastorno sanguíneo.
Muchas personas no comprenden la conexión entre la
prueba, los niveles de glucosa en sangre y la diabetes. Además,
al ser los resultados bajos (del 7 % o del 9 %, por ejemplo),
no transmiten bien a las personas con diabetes que un pequeño
cambio, de hasta el 0,5 % al 1 %, puede provocar un efecto
importante sobre la salud.
Para muchas personas, se necesita un cambio de al menos
10 – 40 unidades en la mayoría de las mediciones
(tal y como sucede con la temperatura exterior) para que
consideren que esta diferencia es importante. Por lo tanto,
cuando un diabetólogo manifiesta un cambio del 1 %
en los niveles de HbA 1c de una persona, suele percibirse
como sin importancia.
El Grupo de Trabajo decidió que, dadas las preocupaciones
anteriormente descritas, debía aprovecharse la oportunidad
para redefinir el ensayo completo. Se decidió que
el nombre del ensayo debería cambiarse para reflejar
el nivel medio de glucosa en sangre (“MBG”, en
sus siglas inglesas) y que deberíamos utilizar el
hecho de que existe una relación estrecha (y directamente
proporcional) entre la HbA 1c y la media de glucosa en sangre.
Esta relación se observó en un examen retrospectivo
de ensayos de glucosa durante el estudio DCCT y se puede
representar matemáticamente como: MBG (mmol/l) = 1.84
x IFCCA 1c (el resultado del MBG variará si se expresa
en mg/dl, tal y como se hace en algunos países).
Si esta relación se puede confirmar en un estudio
prospectivo, tendremos la oportunidad de informar de que
las nuevas cifras de la IFCC son las que corresponden a la
media de glucosa en sangre. Por lo tanto, la prueba de HbA
1c tendrá un nombre nuevo (“MBG”, por
ejemplo), una nueva escala de unidades de glucosa que resultarán
familiares y, por lo tanto, un vínculo directo y reconocible
con los niveles de glucosa para las personas con diabetes
y los profesionales sanitarios que las tratan.
Aunque se necesitará una importante preparación
y reeducación, no existe riesgo real de confusión.
Una simplificación de la escala utilizada para expresar
los niveles de glucosa en sangre permitirá a todas
las personas con diabetes comprender sus nuevos niveles objetivos,
en especial si ya utilizan la monitorización de la
glucosa en sangre. Además, se verá aumentado
el potencial del ensayo simplificado para su uso futuro como
herramienta de diagnóstico.
Entre las desventajas se encuentra la posibilidad de que
la simple proporcionalidad no se pueda aplicar a todas las
poblaciones, o a los extremos del MBG / A 1c. En es-te caso,
podría ser necesario adoptar conversaciones más
complejas, o reconsiderar la idea en su conjunto. Además,
para obtener el beneficio pleno de un vínculo con
las pruebas en casa, el MBG se registrará en dos unidades
diferentes (mmol/l o mg/dl), con los problemas habituales
de conversación, pequeños pero frustrantes.
Por lo general, el Grupo de Trabajo favoreció los
procedimientos que utilizan este nuevo concepto de implementación
del nuevo estándar.
Actualización en progreso
Se han planeado estudios prospectivos
y se han propuesto otras varias iniciativas. El objetivo
será asegurar si la relación anteriormente
descrita entre HbA 1c y MBG se ve confirmada por un análisis
prospectivo en poblaciones diferentes de todo el mundo. Se
ha planeado el desarrollo de programas educativos para informar
a profesionales sanitarios y al público en general
sobre el nuevo sistema de registro. Estas recomendaciones
han sido respaldadas por la ADA, la EASD, LA FID, y la NGSP.
La iniciativa tiene el apoyo de los Centros para el control
de enfermedades de los EEUU.
El concepto fundamental es que la HbA 1c
se comparará con la MBG
En una reunión de seguimiento
celebrada en septiembre de 2004, se identifica-ron varias
cuestiones críticas:
- ¿Existe una relación
entre la HbA 1c y la MBG en personas con diabetes de tipo
1 y 2 y dentro de los grupos étnicos?
- ¿Es
esta relación la misma ante concentraciones diferentes
de MBG?
- ¿Se ve la HbA 1c alterada por las
fluctuaciones de las concentraciones de glucosa con un
mismo valor de MBG?
- ¿Es estable la relación entre
HbA 1c y MBG estable a pesar de las fluctuaciones del MBG?
- ¿Se
ve esta relación alterada por la medicación
o el embarazo?
A fin de responder a estas preguntas, se creó un
subcomité para diseñar un protocolo básico
de análisis prospectivo. La tarea de este subcomité era
la siguiente:
- Desarrollar el protocolo
- Preparar un documento
para la solicitud de propuestas
- Invitar a que
centros seleccionados para su participación realicen
aportaciones para el diseño del estudio
- Participar
en la selección de las propuestas.
El Grupo de Trabajo revisará dichas propuestas y
realizará la selección final. La idea básica
es comparar la HbA 1c con la MBG. Esta última estará derivada
de la monitorización continua de la glucosa durante
48 horas, a la que se le sumará la medición
de la glucosa en sangre en los capilares al menos ocho veces
al día. Se repetirán las mediciones de HbA
1c. Se realizarán evaluaciones de las personas con
diabetes tipo 1 y tipo 2 (con control glucémico estable),
además de personas que no tengan la afección.
En el momento de escribir este artículo, ya se ha
desarrollado el protocolo, se han seleccionado centros de
Europa y el resto del mundo, y la EASD y la ADA ya han destinado
fondos para dichos estudios. Con el comienzo del reclutamiento
de participantes para el estudio, que comienza en junio de
2005, los estudios deberían estar finalizados para
junio de 2006, lo cual nos permitirá informar sobre
los hallazgos preliminares durante el XIX Congreso Mundial
de Diabetes de la FID de diciembre de 2006, en Ciudad del
Cabo, Sudáfrica. Estamos deseando conocer los resultados
de estos estudios, que nos ayudarán a facilitar la
armonización global de la HbA 1c.
Tabla 1: Cambiar o mantener el modo de expresar la hemoglobina
glucosilada.
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Nueva escala de la IFCC |
Mantener los valores actuales |
| Ventajas |
- Los valores expresados reflejan los valores
reales.
- Oportunidad de reeducar a las personas
con diabetes y a los profesionales sobre el significado
y el valor de la prueba de HbA 1c.
- Oportunidad
de redefinir la HbA 1c.
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- Las personas con diabetes y profesionales
sanitarios ya están familiarizados.
- Relaciona
los valores de HbA 1c con las bases científicas
existentes, el UKPDS y el DCCT, por ejemplo.
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| Desventajas |
- Es necesario un tiempo prolongado para educar
de modo que se prevenga la confusión y su implementación
será cara.
- La implementación parcial
o paulatina empeorará las diferencias ya existentes
entre laboratorios.
- Existe el riesgo de deterioro
del control de la glucosa tal y como se comprobó en
un estudio sueco.
- Al ser las cifras más
bajas, resultará aún más difícil
convencer a las personas de que un pequeño cambio
porcentual de la HbA 1c tendrá un gran impacto
sobre la salud.
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- No es el resultado “puro”.
- Frecuentemente
se confunde con los niveles de glucosa en los países
en los que se utilizan los mmol/l.
- Se pierde
las oportunidad de reforzar la importancia de la prueba
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UN PROGRAMA PARA LA DIABETES EN
ACCIÓN
Delice Gan
La Declaración de San Vicente nació de la
creencia de la necesidad de tomar medidas para atajar el
creciente problema humano y económico de la diabetes
en Europa. La Declaración, firmada en San Vicente,
Italia, en 1989, fue el resultado de una iniciativa conjunta
de la Región Europea de la Federación Internacional
de Diabetes y de la Oficina Regional Europea de la Organización
Mundial de la Salud (OMS / Euro).
La visión que dio vida a la Declaración de
San Vicente abarca el reconocimiento fundamental de que los
actores principales en el sector sanitario tienen un interés
común en la promoción de la atención
de calidad a la diabetes. Como resultado, el primer encuentro
reunió a las personas con diabetes, a los profesionales
sanitarios, a los gobiernos y a la industria implicada. Este
enfoque también aseguró el apoyo de las organizaciones
de diabetes y de los gobiernos en la puesta en marcha de
programas nacionales que alcanzasen los objetivos de la Declaración.
La Declaración de San Vicente se ha convertido a
partir de ese momento en el marco de trabajo en el que se
han basado las políticas y estrategias de atención
a la diabetes en la mayoría de los países europeos.
La Declaración contenía dos metas principales
y diez objetivos que buscaban mejorar la calidad de vida
de las personas con diabetes.
Los objetivos concretos eran:
- Mejorar la detección y el control de la diabetes;
- Aumentar la concienciación pública sobre las
oportunidades de prevenir la diabetes y sus complicaciones;
- Promover el cuidado personal entre las personas con diabetes;
- Asegurar que se proporciona atención a los niños
con diabetes por parte de equipos especializados, y que sus
familias reciben el apoyo necesario;
- Apoyar centros de calidad
de atención, educación e investigación
sobre la diabetes;
- Promover la independencia de las personas
con diabetes;
- Eliminar la discriminación hacia las
personas con diabetes;
- Reducir las complicaciones de la diabetes
tales como ceguera, enfermedad renal y amputaciones;
- Establecer
sistemas de información que capaciten a los servicios
sanitarios para monitorizar y controlar la calidad de la
atención sanitaria;
- y Promover la colaboración
internacional.
Estudios recientes sugieren que los principios de la
Declaración de San Vicente son tan válidos
hoy en día como lo eran en 1989. Sin embargo, el éxito
y el aumento del interés por esta iniciativa requieren
una evolución de su estructura y objetivos tal y
como se reiteró en el Compromiso de Estambul.
LAS DEMANDAS PSICOLÓGICAS
DE LA DIABETES:
Richard R. Rubin, PhD, CDE
Ya he comenzado mi año como
Presidente, Médico y Educador, pero he estado como
voluntario en ADA desde 1980, y la diabetes ha sido una gran
parte de mi vida desde hace mucho más tiempo. Mi historia
con la diabetes comienza en Marzo de 1959, cuando mi hermana
menor fue diagnosticada con la enfermedad. Recuerdo a mis
padres llorar cuando me lo dijeron por primera vez, y yo
todavía recuerdo los años de preocupación
que siguieron – preocupación acerca de cuántos
intercambios de pan mi hermana estaba comiendo, cuál
era su nivel de glucosa en orina, y si la jeringa había
sido esterilizada. La peor parte era la constante preocupación
acerca de la hipoglucemia.
Casi exactamente 20 años después
de que mi hermana desarrolló diabetes, mi hijo de
7 años Stefan fue diagnosticado con la misma enfermedad,
y yo inmediatamente me propuse buscar una guía de
cómo afrontar las demandas emocionales y prácticas
a encarar. Sin embargo, no encontré casi nada en la
literatura científica y clínica. La investigación
de comportamientos y psicosocial en diabetes comenzó seriamente
justo para el momento en que mi hijo fue diagnosticado, y
hemos aprendido una tremenda cantidad en los últimos
25 años. Por ejemplo, aprendimos que:
La
gente con diabetes tiene más probabilidades
de sufrir depresión y otros problemas psicológicos. Cada
año cerca de 6 % de la población adulta
de Estados Unidos sufre algún desorden depresivo mayor
(MDD). En la gente con diabetes, esto se da en 9 %, y mucha
más gente con diabetes sufre de menos severas formas
de depresión.
La gente
con diabetes que está deprimida
(o sufriendo de altos niveles de señal de socorro
relacionados con la diabetes) tiene más altos niveles
de A1c, más complicaciones, más tasa de muerte,
y muchos más altos costos de cuidado de la salud. En un estudio, los costos de cuidado de la salud para pacientes
con diabetes eran cuatro veces más altos cuando la
persona estaba deprimida; aunque ninguno de estos excesos
eran por servicios de salud mental.
El tratamiento
de la depresión para
la gente con diabetes mejora los resultados clínicos
sin incrementar los costos. El tratamiento con terapia cognitiva
de comporta-miento (CBT) o inhibidores de la captación
de serotonina selectivos (SSRIs) puede mejorar el control
de la glucosa en pacientes con altos niveles de A1c, y un
reciente estudio encontró que los costos del tratamiento
de la depresión que rindieron beneficios clínicos
sustanciales fueron más que compensados por otros
servicios de pacientes internados y ambulatorios y por la
medicación no psiquiátrica.
La depresión puede incrementar
el riesgo de una persona de desarrollar diabetes tipo 2.
Hace 300 años atrás, el famoso médico
británico Thomas Willis sugirió que “dolores
prolongados y otras depresiones” causaban diabetes.
Estudios publicados en la última década sugieren
que Willis podría haber tenido razón, al menos
en relación con la diabetes tipo 2. Si la depresión
es un factor de riesgo de la diabetes, podría ser
un resultado de la hipersecreción de hormonas del
estrés crónica o el efecto de la depresión
en el comportamiento y el peso.
Mucha gente
con diabetes necesita cuidado psicológico, pero pocos lo reciben. Muchos proveedores
de cuidado de la salud que participaron en una reciente encuesta
internacional dijeron que los problemas psicológicos
jugaban un gran rol en la dificultad de sus pacientes a adherirse
a los regímenes de tratamiento de la diabetes. En
adición, los proveedores dijeron que cerca de 65 %
de sus pacientes con diabetes tenían dichos problemas
psicológicos, sólo 10 % de los pacientes que
participaron en el estudio dijeron que estaban recibiendo
tratamiento por esto. Un grupo de trabajo, del cual yo soy
miembro, está desarrollando un currículum para
ayudar a los psicólogos a mejorar el cuidado para
la gente con diabetes. El grupo de trabajo fue formado por
la ADA y la Fundación Psicológica Americana
de la Asociación Psicológica Americana.
Algunas
medicaciones pueden tener efectos metabólicos negativos. Los
pacientes que toman medicaciones antipsicóticas
de segunda generación (SGAs)
están en un riesgo incrementado de desarrollar diabetes
tipo 2, grandemente pero no exclusivamente como resultado
de ganancia de peso relacionada con SGAs. Algunos antidepresivos
también parecen incrementar el peso, y su uso parece
incrementar los niveles de glucosa sanguínea en gente
deprimida con diabetes.
Nosotros
podemos prevenir o retrasar la diabetes tipo 2. Durante los últimos 12 años,
yo he sido investigador en el Programa de Prevención
de Diabetes (DPP). Los participantes en el grupo de estudio
del estilo de vida perdieron un promedio de cerca de 10 libras
y redujeron su riesgo de desarrollar diabetes durante el
estudio en un 58 % comparado con los participantes en el
grupo placebo.
Hay mucho
más por aprender. Nosotros
sabemos que cuando le prestamos atención y soporte
a la gente motivada como los participantes en DPP (o DCCT
de una década previa), ellos generalmente toman realmente
un buen cuidado de sí mismos, con resultados muy positivos.
Pero cuando el DCCT terminó y ese soporte fue removido,
los niveles de A1c en el grupo tratado intensivamente volvieron,
y vimos algo similar en el DPP – cuando los participantes
alcanzaron el punto en el estudio en el que tenían
menos contacto con el equipo médico, ellos comenzaron
a ganar peso nuevamente.
Afortunadamente, los participantes
del tratamiento intensivo de DCCT continuaron disfrutando
de un reducido riesgo de complicaciones 17 años después
de que el estudio terminó, aunque sus niveles de A1c
se elevaron cuando el estudio concluyó, y esperamos
que la intervención del estilo de vida de DPP tenga
beneficios similares a largo plazo. Pero no sería
mejor saber cuán grande sería el beneficio
si la gente se adhiriera a su régimen incluso más
consistentemente?.
TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO
DE LA DIABETES TIPO 2:
Dr. Hirsch, I. Doc News.
La explosión de obesidad,
tanto en los Estados Unidos como en el resto del mundo desarrollado,
ha resultado en un dramático incremento de la diabetes
tipo 2 que es bien apropiado por los clínicos de atención
primaria. Entonces no debe ser sorprendente que las opciones
para la terapia con drogas usadas para tratar la diabetes
tipo 2 (y obesidad) están incrementando a una velocidad
tremenda.
No hace mucho, algunos de los más
grandes debates clínicos envolvió cuál
sulfonilurea debería ser la preferida para la terapia
de la diabetes tipo 2: glibenclamida o glipizida. En la década
pasada, nosotros hemos agregado no sólo nuevas drogas,
sino varias clases nuevas de agentes para tratar la hiperglucemia.
Por supuesto que estas son buenas noticias, pero lleva a
confusión: Qué opción farmacológica
debe ser usada para cada una de las situaciones clínicas
que todos vemos en nuestra práctica diaria?.
Parte de esta confusión se ha situado
en determinación del consenso de la Asociación
Americana de Diabetes (ADA) acerca de este importante tópico.
Los autores de este documento notan que las guías
y algoritmos presentados están basados en ensayos
clínicos y en la experiencia clínica y juicio
de los autores. Ellos continúan notando la falta de
evidencia de alta calidad que compara directamente los diferentes
regímenes de tratamiento de la diabetes. Por ejemplo,
en las recientes sesiones científicas de la ADA, llevadas
a cabo del 9 al 13 de Junio en Washington DC, no fue poco
común tener ensayos comparando un agente activo con
un placebo. Hay también muchos ejemplos de comparación
del agente de estudio siendo usado en menos de la dosis máxima
o, en el caso de la insulina, comparando dos análogos
basales una vez por día para uno y dos veces por día
para el otro. Esto obviamente hace que cualquiera de las
recomendaciones sea sujeto de desacuerdo, y los autores reconocen
que la determinación del consenso engendrará debate.
Los autores mencionan varios factores claves
para ser tenidos en cuenta cuando se considera una terapia
farmacológica para la diabetes tipo 2. Primero, con
altos niveles de glucemia (por ejemplo, hemoglobina glicosilada > 8.5
%), son recomen-dadas las clases de droga con mayor y más
rápida efectividad en descender la glucosa o con terapia
combinada de iniciación potencialmente más
temprana. Por el contrario, con una hiperglucemia más
modesta (por ejemplo, A1c < 7.5 %), deben considerarse
las medicaciones con menor potencial de descender la glucemia
y / o con un punto de acción menor. Finalmente, debido
a la naturaleza progresiva de la diabetes tipo 2, la adición
de medicaciones es la regla, no la excepción, si los
objetivos de tratamiento deben ser alcanzados a lo largo
del tiempo.
El aspecto potencialmente controversial de
la determinación es el algoritmo de tratamiento. Después
del diagnóstico, la modificación del estilo
de vida es aún la terapia inicial y más importante.
Desafortunadamente, muchos pacientes no alcanzarán
los blancos glucémicos sólo con cambios en
el estilo de vida, y así la terapia farmacológica
necesita ser agregada, generalmente dentro de los 2 – 3
meses. La terapia de primera línea, cuando no existen
contraindicaciones, debe ser la metformina, de acuerdo al
algoritmo. Yo estoy de acuerdo con esto. La metformina no
es cara, tiene una excelente respuesta glucémica comparada
con otros agentes orales, es neutral para con el peso, y
ha demostrado un efecto beneficioso en los resultados cardiovasculares
en el UKPDS.
Mucho más controversial es la elección
de un segundo agente. Los autores puntualizan que las opciones
incluyen a las sulfonilureas, que no son caras y generalmente
tan efectivas como la metformina; glitazonas, que, cuando
son usadas con la metformina, no resultarán en hipoglucemia;
y la insulina, que es la más efectiva. Es razonable
elegir una terapia basada en el nivel de A1c del paciente.
Por ahí uno podría usar una sulfonilurea o
insulina si la A1c es todavía > 8.5 %, pero yo
consideraría fuertemente a la insulina para una A1c > 9
%.
Sin embargo, a pesar de que encuentro muchas
ventajas con la insulinoterapia en términos de efectividad,
la flexibilidad en el caso de enfermedad o indiscreciones
dietarias, y facilidad de uso después de muchos años
de experiencia, me he encontrado usando incrementadamente
el exenatide en el último año. Los autores
del consenso puntualizaron que el exenatide, junto con pramlintide,
inhibidores de la alfa glucosidasa y glinidas, no está incluido
en el algoritmo debido a “la baja efectividad total
en el descenso de la glucosa, datos clínicos limitados,
y / o costos relativos”.
Aunque es cierto que todas estas drogas
son caras, yo siento más necesidad de que el énfasis
esté puesto en el potencial de perder peso en la población
obesa. Debe un agente ser considerado con más alta
prioridad si la A1c disminuye 1 % y el peso es reducido en
2.3 kg.? Qué pasa si el peso se reduce en 4.5 kg.?
En un estudio de 30 semanas, el exenatide en combinación
con la terapia con metformina ha mostrado un promedio de
pérdida de peso de 2.8 kg. Cuándo debemos decidir
que otros factores además del control glucémico
deben ser usados en el proceso de toma de decisión
de elegir un agente? Aunque esto es una evidencia anecdótica,
yo tengo varios pacientes que han perdido > 9.1 kg. y
uno que perdió > 18.1 kg. con exenatide. Por supuesto,
este tipo de pérdida de peso es excepcional; y ha
agregado entusiasmo a muchos de nosotros que luchamos contra
la obesidad en la mayoría de nuestros pacientes.
La adición de nuevos agentes para
el tratamiento de la diabetes tipo 2 nos provee grandes oportunidades
de alcanzar blancos glucémicos, pero también
tenemos, por primera vez, mejores herramientas para perder
peso. Incluso más agentes estarán disponibles
en los próximos años, y cuanto más datos
sean generados, parece probable que los algoritmos para el
tratamiento de la diabetes tipo 2 necesitarán ser
modificados en forma acorde.
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