| CASO 1
La Sra. AB es una diabética
tipo 1 de 40 años diagnosticada a la edad
de 7 años, fue remitida en 1984, después
de acudir a varias clínicas para diabéticos,
pero no había sido vista por un especialista
desde 1979. Aquel año siguió también
un tratamiento con láser por una retinopatía
proliferativa. En 1984 se observó que presentaba
trazas de 1+ de proteínas urinarias analizando
la orina con tiras reactivas. También presentaba
problemas de hipoglucemia nocturna, no tomaba
snacks entre las comidas, y la monitorización
postprandial domiciliaria de la glucemia variaba
entre 108 y 288 mg %.
En el examen clínico presentaba un peso
corporal 13 Kg. por encima del peso ideal y la
presión arterial era de 170/100 mmhg. Presentaba
unos muslos "grumosos", ausencia de
evidencias de nefropatía, y cicatrices
láser en la retina. Los resultados de las
pruebas fueron los siguientes: HbA1 13% (valores
de referencia 4% a 7%), creatinina plasmática
90 mmol/l, colesterol 5,5 mmol. Muestra de orina
a mitad de la micción negativa y ultrasonidos
renales normales. La tasa de excreción
de albúmina (TEA) tomada en tres ocasiones
en semanas separadas variaron entre 150-210 ug/min.
Fue vista por la dietista y se le recomendó
un snack al acostarse y se ajustó su dosis
de insulina. El control mejoró (HbA1 7,5%)
y las hipoglucemias nocturnas cesaron. Su médico
de cabecera ya le había prescripto beta
bloqueantes, pero mostraba efectos secundarios.
Se cambió a un antagonista del calcio y
después a un inhibidor de la ECA, con el
que se ha mantenido hasta ahora. La presión
arterial se estabilizó con este tratamiento
- media 130/80 mm Hg.
Preguntas
1- ¿Qué significado tiene el hallazgo
de una proteinuria positiva con las tiras reactivas?
2- ¿Cuál es la historia
natural del trastorno descrito?
3- ¿Cuál es el tratamiento
adecuado?
Respuestas
1- Una proteinuria persistente
en ausencia de infección del tracto urinario
en un paciente diabético es indicativo
de nefropatía diabética. Una vez
que la proteinuria Albustix- positiva se hace
persistente, se sabe que el trastorno es irreversible,
con progresión a una insuficiencia renal
terminal y necesidad de una terapia de sustitución
renal en los 5 años siguientes. Muchos
de estos pacientes, sin embargo, morirán
de una enfermedad cardiovascular antes de que
necesiten la sustitución renal, puesto
que los riesgos cardiovasculares están
significativamente aumentados. La nefropatía
se observa casi siempre en asociación con
hipertensión (e incluso retinopatía).
2- Aunque este paciente mostraba alguna evidencia
de macroproteinuria establecida, la medida de
la TEA indicaba que se hallaba todavía
dentro del rango "microalbuminúrico"
Este viene definido por una TEA por encima de
lo normal, pero por debajo de la detección
de las tiras de papel reactivas- normalmente entre
20 y 200 ug/min. La microalbuminuria predice el
desarrollo posterior de una nefropatía
establecida en aproximadamente el 80% de los casos.
La micro albuminuria está también
frecuentemente asociada con hipertensión,
aunque es posible que los niveles de presión
arterial no alcancen los criterios de la OMS para
la hipertensión en este estadío.
3- Es posible que en el estadío
de microalbuminura el proceso sea aún reversible.
La mejoría del control glucémico
puede ser beneficiosa, pero el manejo adecuado
de la presión arterial es aún más
importante. Cada vez hay más pruebas del
importante papel de los inhibidores de la ECA
en este trastorno. Parecen tener un efecto específico
sobre la microcirculación renal más
importante que su efecto reductor de la presión
arterial sistémica. Parece que el aumento
de la presión intraglomerular es una lesión
precoz en la nefropatía incipiente - se
cree que los inhibidores de la ECA actúan,
al menos parcialmente, causando una relajación
de la arteriola eferente, reduciendo así
la presión intraglomerular y la proteinuria.
Cada vez existen más pruebas de que ello
conduce a una reducción de la TEA, protección
renal, y quizá incluso prevención
de la nefropatía establecida. Es posible
que esto sea válido para los sujetos microalbuminúricos
normotensos. Otros beneficios son que los inhibidores
de la ECA no parecen tener efectos secundarios
metabólicos nocivos y que es posible que
incluso reduzcan la resistencia a la insulina.
CASO 2
El Sr. E.S. un diabético
tipo 1 de 49 años diagnosticado a la edad
de 19 años. Desarrolló una retinopatía
proliferativa algunos años antes, requiriendo
tratamiento con láser que tuvo buenos resultados
y le dejó una visión normal. Acudía
irregularmente a la clínica para diabéticos
y no había sido seguido por ningún
especialista desde hacía algunos años.
Mientras caminaba tropezó con una piedra
y, utilizando sus propias palabras notó
que algo cedía en su tobillo izquierdo.
No sintió dolor y siguió andando.
Finalmente, notó que algo estaba mal y
fue de urgencia a una clínica local. Se
le examinó sin que se observara ninguna
lesión especial, por lo que fue enviado
a casa. Al cabo de algunos días se presentó
de nuevo de urgencia en la clínica con
el tobillo caliente e hinchado y la radiografía
puso de manifiesto cambios indicadores de una
osteomielitis. Fue ingresado y se inició
un tratamiento con antibióticos y finalmente
fue dado de alta con lo que se pensó que
era la medicación adecuada para tres meses.
Durante las siguientes semanas se observó
que algo no funcionaba en el tobillo e incluso
la articulación presentaba problemas. La
articulación se volvió "fija"
finalmente. El paciente desarrolló a continuación
una gran úlcera sobre la porción
media de lo que inicialmente había sido
el arco del pie pero que se había aplanado
hasta hacerse convexa.
Durante los 5 días siguientes desarrollo
ulceraciones repetidas del pie con infección,
que finalmente llevaron a la necesidad de una
amputación por debajo de la rodilla.
Preguntas
1- ¿Es probable que el
diagnóstico inicial de osteomielitis fuera
correcto?
2- ¿En caso negativo, Cuál es el
probable diagnóstico?
3- ¿Cuál es la historia natural
de este trastorno?
Respuestas:
1- El diagnóstico inicial era erróneo
casi con toda seguridad.
2- El paciente ha desarrollado una articulación
neuropática o de Charcot. La apariencia
inicial de una articulación de Charcot
en desarrollo puede parecerse mucho a la observada
en una osteomielitis. Se piensa que se debe a
una asociación con la osteoporosis localizada,
observada frecuentemente en asociación
con la neuropatía severa, y con frecuencia
en asociación a un traumatismo menor (o
incluso no percibido), en asociación con
una neuropatía sensorial crónica
severa. La causa subyacente más común
es la diabetes, pero se ha observado también
en asociación con tabes dorsal y Siringomielia.
Al ser examinado por el especialista en diabetes,
estuvo claro que este paciente presentaba una
neuropatía periférica severa con
ausencia de reflejos en la rodilla y el tobillo
y una pérdida total de sensibilidad en
los pies y en las piernas hasta casi la altura
de las rodillas. Los pulsos periféricos
eran excelentes. El traumatismo menor asociado
con el tropezón con una piedra causó
la lesión de la articulación que
condujo al problema neuropático.
3- En un período de tres años, la
articulación tiende a anquilosarse con
neoformación ósea, afectación
total y pérdida de la función. La
forma anormal del pie causa tensiones sobre las
áreas que soportan más peso en áreas
inusuales. En este caso, se perdió el arco
normal del pie que se curvó del revés.
Ello condujo a la formación de severas
úlceras neuropáticas en lo que anteriormente
había sido el arco del pie. La historia
natural a continuación es una ulceración
recurrente e infección, y al menos el 50%
de estos pacientes sufrirán una amputación
de la extremidad en los 5 años siguientes.
El posible tratamiento para la prevención
de la arteriopatía del Charcot es reconocer
inmediatamente el problema e inmovilizar la articulación
con un yeso de París durante 3 meses. Por
otra parte, el tratamiento implica la prevención,
en la medida que sea posible, de la ulceración
del pie, un tratamiento agresivo y temprano si
se desarrollan úlceras, y un consejo preciso
sobre cuidado de los pies. Desafortunadamente,
en este caso, no sólo se efectuó
un mal diagnóstico, sino que el paciente
continuó desarrollando un problema similar
en el otro pie al cabo de un año.
CASO 3
Un varón diabético
de 23 años presentó una hemoglobina
glicosilada (HbA1c) del 10,4% en su último
examen. Había practicado muy pocas veces
la auto-monitorización de la glucemia,
pero acababa de hacerlo antes de la visita. Los
valores de su glucemia se encontraban dentro del
rango 95-180 mg %.
Preguntas
1. ¿Qué es la glicación
no enzimática, que es la glicosilada y
que factores pueden influir sobre sus niveles?
Respuesta 1: La hemoglobina puede sufrir un proceso
de glicación (glicosilación). La
glicación no enzimática es un fenómeno
general que causa cambios en la estructura y la
función de las proteínas debido
a la fijación de la glucosa al grupo épsilon-amino
de lisina en la cadena peptídica. El valor
de la hemoglobina glicosilada se expresa como
un porcentaje de la hemoglobina total y permite
una determinación del control de la glucemia
durante los sesenta días anteriores. Esta
escala temporal es igual a la vida media de los
glóbulos rojos sanguíneos. Un diabético
bien controlado presentará unos valores
de hemoglobina glicosilada cercanos a los de los
sujetos normales. Un paciente deficientemente
controlado presentará valores elevados
en el mismo grado en que sus niveles glucémicos
hayan estado elevados durante ese período
de sesenta días.
En consecuencia, la medida de la hemoglobina glicosilada
(expresada frecuentemente como HbA1c constituye
un procedimiento eficaz para evaluar el control
previo.
2.- ¿El nivel de HbA1c
del caso clínico, ¿Es el correspondiente
a un perfil glucémico normal?
Respuesta: El rango de los valores
de HbA1c en las personas sanas es del 4,4 %- 6,4
%.Solamente una proporción muy pequeña
de los pacientes diabéticos presenta una
HbA1c dentro de esos límites. Los pacientes
con un buen control tienen una Hba1c por debajo
de 7,5 % mientras que los pacientes mal controlados
presentan una Hb A1c superior al 8,5%. El presente
caso está por lo tanto deficientemente
controlado y la Hb A1c del 10,4 % se contradice
con su último perfil glucémico.
Sin embargo, la HbA1c refleja un período
de al menos 6 semanas, mientras que los perfiles
de glucemia ofrecen datos reales de un solo día.
Los valores observados no son incompatibles: reflejan
una observación frecuente en el mal control
a largo plazo en pacientes diabéticos que
solamente son cuidadosos con la dieta inmediatamente
antes de la visita. Estos resultados demuestran
la utilidad de la determinación de la Hb
A1c junto con los perfiles glucémicos.
3. ¿Cuál es el pronóstico
de la HbA1c?
Respuesta 3: La Hb A1c proporciona información
sobre el control de la diabetes a largo plazo.
Los cambios vasculares en la diabetes se ven influidos
por unas concentraciones de glucosa crónicamente
elevadas dando lugar a un aumento de la glicación
y de la tensión oxidativa (producción
de radicales oxigeno reactivos). Un buen control
glucémico puede prevenir el desarrollo
de una angiopatía diabética. La
HbA1c tiene un importante valor pronóstico
en la enfermedad vascular, especialmente en los
pacientes diabéticos tipo 1 tal como han
demostrado diversos estudios de seguimiento.
CASO 4
Una mujer de 30 años con
una historia de diabetes tipo 1 durante 12 años.
Durante su última visita se le diagnosticó
una retinopatía incipiente.
Preguntas
1. ¿Qué es la retinopatía
diabética y que factores influyen sobre
su desarrollo?
Respuesta 1: La retinopatía diabética
representa una típica complicación
microvascular tardía en la diabetes. Es
excepcional antes de los 5 años de duración
de la diabetes, pero su incidencia aumenta en
los pacientes diabéticos tratados durante
largo tiempo. La retinopatía diabética
es inducida por unas concentraciones de glucosa
crónicamente elevadas que dan lugar a un
aumento de la glicación de los componentes
proteicos de la pared vascular. Comporta un engrosamiento
de la membrana basal en los capilares debido a
un enlace de las fibras de colágeno glucosilado
así como a la extravasación de proteínas
plasmáticas (fibrina) debida al aumento
de la permeabilidad de la membrana basal. Estos
cambios bioquímicos resultan acelerados
por la presencia de la hipertensión arterial
y el tabaquismo que deterioran aún más
las propiedades de la pared vascular.
2. ¿Cuáles son los
estadios de la retinopatía diabética?
Respuesta 2: Los oftalmólogos han propuesto
distintas clasificaciones de la retinopatía
diabética pero, básicamente, podemos
distinguir entre la retinopatía simple
(no proliferativa, inicial), la retinopatía
preproliferativa, y la retinopatía proliferativa.
La presencia de cambios anatómicos (exudados
blandos y duros, microaneurismas, hemorragias,
neovascularización etc.) observados mediante
oftalmoscopía o angiografía de fluorescencia
permite clasificar el estado apropiado de la retinopatía.
3.¿ Cuáles son los
principales objetivos de su tratamiento?
Respuesta 3: El tratamiento de la retinopatía
diabética incluye la atención oftalmológica
y diabetológica del paciente. La mejoría
del control diabético y la normalización
de la presión arterial son los principales
objetivos del tratamiento. Un mejor control metabólico
puede retrasar o detener los cambios vasculares
iniciales. Resulta por lo tanto importante alcanzar
el mejor control posible. La terapia insulínica
intensificada de los pacientes con diabetes tipo
1 a través de múltiples inyecciones
de insulina, o mediante bombas de insulina constituyen
el método de elección. La retinopatía
debe ser investigada regularmente por un oftalmólogo,
que habrá de prescribir en el momento adecuado
la fotocoagulación por láser.
CASO N°
5
Un paciente varón de 51
años, sin síntomas previos de cardiopatía
isquémica, ingresó en la unidad
coronaria con una historia de dolor torácico
durante un período de 6 horas.
El electrocardiograma de 12 derivaciones (ecg)
puso de manifiesto una elevación del segmento
ST en las derivaciones precordiales. El paciente
recibió terapia trombólítica
con estreptokinasa y tratamiento antitrombótico
con ácido acetil salicílico a dosis
reducidas. La serie de registro ECG puso de manifiesto
el desarrollo de ondas Q en las derivaciones precordiales,
compatibles con un infarto de miocardio anteroseptal.
El diagnóstico de infarto agudo de miocardio
fue confirmado por la evaluación seriada
de les enzimas relacionadas con el corazón.
Ni el examen clínico ni la radiografía
torácica pusieron de manifiesto signos
de insuficiencia cardiaca y el paciente no refirió
disnea ni dolor torácico durante el resto
de la fase hospitalaria. Se inició una
terapia profiláctica con betabloqueantes
(metropolol 100 mg) al segundo día de la
hospitalización y se continuó la
administración de dosis reducida de ácido
acetil salicílico (100mg). Las pruebas
de esfuerzo anteriores al alta pusieron de manifiesto
una capacidad de esfuerzo reducida. La prueba
se finalizó a los 480 seg. Debido a la
fatiga y disnea, pero no presentó dolor
torácico ni signos de isquemia miocárdica
residual.
El paciente desarrollo gradualmente signos de
insuficiencia cardiaca con disnea relacionada
con la actividad física moderada durante
los 6 meses siguientes.
En consecuencia, se inició terapia con
dosis moderadas de furosemida (40-80 mg diarios).
Aunque los síntomas mejoraron con la terapia
diurética, el paciente observó que
su disnea de esfuerzo se agravaba cuando hacía
frío. Además se producían
palpitaciones sintomáticas.
Preguntas:
¿Fueron suficientes los procedimientos
diagnósticos?
¿Se debería haber administrado medicación
adicional?
Respuestas:
El ecocardiograma practicado al 5to día
tras el inicio del infarto de miocardio puso de
manifiesto una aquinesia anteroseptal del ventrículo
izquierdo y una reducción de la fracción
de eyección (fe) del 39%. El índice
del volumen telé diastólico ventricular
izquierdo (IVTDVI) aumento hasta 100ml/m2, lo
que pone de manifiesto una dilatación adicional
de ventrículo izquierdo, por cuanto el
IVTDVI aumentó aproximadamente en un 30
% hasta 132 ml/m2, mientras que la FE permaneció
sin cambios.
La monitorización Holter 3 y 6 meses después
del infarto de miocardio reveló que el
paciente desarrolló una depresión
espontánea del segmento ST, así
como taquiarritmias ventriculares complejas y
sintomáticas. Además, las pruebas
de esfuerzo demostraron una reducción gradual
en la capacidad de esfuerzo paralela al deterioro
de la función ventricular izquierda.
bajas corticoides a modo de mantenimiento
durante años.
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