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Jugar con la Adicción: Creencias Peligrosas sobre Tabaquismo y Diabetes

En comparación con los no fumadores con diabetes, las personas con diabetes que fuman tienen el doble de riesgo de muerte prematura. El riesgo de complicaciones asociadas al consumo de tabaco en combinación con la diabetes es casi 14 veces mayor que el riesgo de fumar o tener diabetes por separado. Las creencias erróneas sobre fumar pueden contribuir con la prevalencia del tabaquismo entre su población de alto-riesgo. Los profesionales sanitarios se encuentran en la situación ideal para reducir el consumo de tabaco, estimulando y ayudando a las personas en sus esfuerzos por dejar de fumar.

Las personas con diabetes que fuman suelen tener un alto nivel de dependencia del tabaco; a la vez que suelen manifestar un alto nivel de motivación para dejar de fumar, muchos fumadores con diabetes intentan repetidamente superar su adicción. Sin embargo, las personas con diabetes que fuman podrían tener menos probabilidades de dejar de fumar sin ayuda. Además, podrían tener más probabilidades de fracasar cuando se unen a un programa organizado para dejar el tabaco.
Aunque se ha demostrado que dejar de fumar tiene como resultado una importante reducción del número de fallecimientos relacionados con el tabaco y podría ser especialmente importante en fumadores con diabetes, pocos programas para dejar de fumar se han centrado en este grupo de alto riesgo.

Creencias peligrosas

Entre los fumadores con diabetes, las creencias erróneas sobre el tabaco en general y las que están específicamente relacionadas con la diabetes podrían influir sobre la posibilidad de que una persona comience a fumar o de que consiga superar más adelante su dependencia de nicotina. Las creencias populares sobre los resultados asociados con el consumo de tabaco y su influencia supuestamente positiva sobre el control de la diabetes, como la reducción del estrés y el control del peso, podrían motivarles para seguir fumando o incluso aumentar el consumo. Con el fin de saber más sobre sus conocimientos, creencias y actitudes con respecto al tabaquismo y el abandono de dicho hábito, se formaron unos grupos de muestra elegidos entre fumadores con diabetes. Los resultados de estos debates coinciden con los hallazgos procedentes de otros estudios, y ponen al descubierto varias creencias peligrosas con respecto a las influencias del tabaco sobre la diabetes.
Con frecuencia fumar se ha descrito como un medio para controlar el apetito y dejar de comer entre horas y, por lo tanto, como método de evitar el aumento peso. Los estudios dirigidos entre fumadores en la población en general han relavado que dejar de fumar tiene como resultado un aumento de peso medio durante 12 meses de 4,5 Kg. en mujeres y 2,3 Kg. en varones. afortunadamente, tan sólo una minoría de las personas que dejan de fumar gana peso en exceso. Sin embargo, muchas personas con diabetes creen que, si aumentan demasiado de peso al dejar de fumar, eso interferirá con el control de su diabetes y, por lo tanto, dudan sobre si deben dejar o no de fumar tabaco.
El control diabético suele subrayar la importancia de mantener el peso, de modo que podría estar contribuyendo inconscientemente a que aumente el temor a engordar tras dejar de fumar. En énfasis acerca del peso en la atención a la importancia de dejar de consumir tabaco. Sin embargo, el riesgo de continuar fumando es mucho mayor que el de los 2,3 Kg. a 4,5 Kg. de peso que puedan ganar. De hecho, dejar de fumar es una prioridad de la atención a la diabetes de vanguardia.
Los profesionales sanitarios se encuentran en una posición ideal para garantizar que las personas con diabetes comprendan la importancia de dejar de fumar para el control de su diabetes. Una vez que una persona consigue dejarlo, se puede implementar un plan para mantener el peso y evitar un aumento. Esto podría implicar un incremento de la actividad física, que podría limitar el aumento de peso, mejorar el control de la diabetes, mejorar el control del estrés y distraer a la persona de su necesidad de fumar.
Muchos fumadores afirman que fuman para aliviar el estrés. Éste parece especialmente ser el caso de las personas con diabetes. Vivir con diabetes puede resultar desafiante; a menudo las personas se sienten frustradas, abrumadas, enfadadas y desanimadas por un conjunto complejo y exigente de recomendaciones para su cuidado personal. Si tenemos en cuenta las exigencias adicionales del control de la diabetes (como la automonitorización de los niveles de glucosa, las especificaciones dietéticas), las personas con diabetes pueden sentirse aún más estresadas. El estrés se ha asociado con un aumento de la probabilidad de fumar y un descenso de la capacidad de dejarlo.
En contraste, una serie de estudios ha relevado que los ex-fumadores manifiestan tener menos estrés después de dejar de consumir tabaco. Ya no tienen que soportar la fluctuación de sus niveles de nicotina, ni preocuparse de si tienen o no tabaco, por la próxima oportunidad para poder fumar o encontrar una zona de fumadores, y son más capaces de concentrarse en la tarea que tienen entre manos. Ser más productivo se traduce en más tiempo libre para actividades de ocio que alivien el estrés.
Además, la calidad del sueño suele mejorar cuando las personas dejan de fumar tabaco. Por lo tanto, lo ex-fumadores suelen manifestar sentirse más descansados incluso cuando duermen la misma cantidad de horas.
Los profesionales sanitarios se encuentran en una posición singular para educar a las personas sobre las propiedades estresantes del tabaco y para incorporar estrategias positivas de control del estrés en el control diario de la diabetes como estrategia para promover el abandono del tabaco.
En comparación con la población adulta en general, las personas con diabetes tienen un mayor riesgo de depresión. La prevalencia de depresión se calcula que se halla en el 14% entre las personas con diabetes, y entre el 3% - 4% entre la población general.
En distintos ejemplos basados en múltiples clínicas y en la población se ha demostrado que, en comparación con quienes no están deprimidos, las personas con depresión tienen más probabilidades de:

  1. Manifestar una mayor dependencia de la nicotina.
  2. Tener dificultades para dejar de fumar.
  3. Experimentar mayores síndromes de abstinencia.

Es posible que las personas deprimidas puedan intentar automedicarse con el tabaco. Se aconseja a los profesionales sanitarios que evalúen cuidadosamente a las personas con diabetes que fuman, tengan en cuenta su historial de depresión y les ofrezcan el tratamiento adecuado que necesiten antes, durante y después de dejar de fumar.
Dejar de fumar con diabetes.
Las estrategias para dejar de fumar representan una intervención económicamente eficaz aconsejable para todos los fumadores con diabetes. Los profesionales sanitarios, una vez reconocida la fuerte influencia que tienen las creencias que rodean al consumo de tabaco dentro de este grupo de alto riesgo, pueden ofrecer a las personas educación y apoyo para derribar estas barreras cognitivas que les impiden dejar de fumar, y estimular la prevención del tabaquismo y el abandono del mismo en personas con diabetes.
Dejar de fumar se consigue mediante una combinación de estrategias múltiples (ver tabla I). Se aconseja a los profesionales sanitarios de la atención a la diabetes que informes sobre la importancia de dejar de fumar, que hagan comprender lo difícil que resulta abandonar dicho hábito y subrayen que el consumo de tabaco puede ser un problema crónico. Se debería aconsejar a todas las personas que fumen que lo dejen
Cualquier preocupación que se específicamente relevante para las personas con diabetes que fumen, como el aumento de peso, debería ofrecer a los fumadores con diabetes ayuda farmacológica (productos de reemplazo de nicotina) para las utilicen ala vez que se realizan intervenciones de asesoramiento conductual.
Con el fin de apoyar la abstinencia del tabaco a lo largo plazo, se deberían incluir estrategias para dejar de fumar que apunten a la prevención de una recaída.
Los profesionales sanitarios deberían tratar los factores emocionales que influyen sobre los obstáculos para dejarlo y para mantener la abstinencia de fumar.
Finalmente, en el caso de que la persona vuelva a fumar, se anima a los profesionales sanitarios a que revisen los detalles de la situación en la que se ha producido la recaída, con el fin de identificar estrategias específicas para evitar situaciones similares en el futuro. Es importante recordar a quienes intentan dejar de fumar que la mayoría de las personas lo consiguen de manera continua han fracasado previamente dos o tres veces.
Las personas que consiguen dejarlo de manera continua han fracasado previamente dos o tres veces.

Investigaciones futuras.

Pocos estudios han tratado los atributos e influencias singulares que pueden con-tribuir al consumo de tabaco entre las personas con diabetes. Desgraciadamente, muchos de los estudios existentes son difíciles de interpretar, dado el pequeño tamaño de las muestras, la pobre definición de los métodos y los altos índices de fracaso. Además, hay pocas pruebas que documenten la eficacia de los tratamientos para dejar de fumar en fumadores con diabetes. Es necesario seguir estudiando para identificar y comprender los factores asociados al control de la diabetes, como el estrés, que provoca al seguir un complejo régimen para dicha afección y la manera en la que las creencias erróneas podrían influir sobre la capacidad de una persona de conseguir dejar el tabaco sin volver a caer. La falta de estudios de intervención quizá refleje la baja prioridad emplazada en dejar de fumar en la atención clínica a la diabetes. Se necesitan más estudios de intervenciones en el futuro hechos a medida para combatir las creencias que promueven el tabaquismo o interfieren con el abandono del mismo en personas con diabetes.

Tabla I: Diabetes y tabaco: estrategias de ayuda para dejar de fumar para profesionales sanitarios.

Aconsejar a todos los fumadores que dejen de fumar de manera clara, enérgica y personalizada. (“Necesito que sepas que dejar de fumar es lo más importante que puedes hacer para proteger tu salud hoy y en el futuro”)

Pregúntele a cada fumador si está dispuesto o dispuesta a intentar dejarlo en ese mismo momento (en los próximos 30 días, por ejemplo).

Ayude a todas las personas a dejar de fumar.

Para quienes no estén dispuestos a dejarlo en ese momento, resalte las “5 erres”:

  1. Relevancia – déles información individualizada sobre los peligros del tabaco.
  2. Riesgo – enfatice el aumento del riesgo de enfermedad vascular y complicaciones diabéticas producto de la combinación del tabaco y la diabetes.
  3. Recompensa – repase los beneficios de dejar de fumar.
  4. Resistencia – garantice al paciente que está dispuesto a ayudarle en sus esfuerzos por dejar de fumar y superar los obstáculos, y que el fracaso de intentos anteriores podría ser un estímulo para conseguir el éxito en el futuro.
  5. Repetición – revise qué piensa el paciente acerca de dejar de fumar durante la siguiente visita.

Para quienes quieran dejar de fumar

  1. Repase los pasos principales para dejar de fumar
  2. Ponga fecha para dejarlo
  3. Identifique los posibles desencadenantes de una recaída y diseñe planes específicos para afrontarlos antes de dejar de fumar
  4. Evalúe la posibilidad de una terapia de reemplazo de nicotina.
  5. Hable de cualquier preocupación sobre aumento de peso o relacionada con la diabetes.
  6. Envíe al paciente a un centro de ayuda para dejar de fumar, recétele nicotina de reemplazo, proporciónele material de autoapoyo o ayúdele a diseñar un plan específico.

Organice un contacto continuo

    • Haga un calendario de contactos de seguimiento, ya sea en persona o telefónicamente.
    • Los contactos de seguimiento deberían tener lugar inmediatamente después de la fecha establecida para dejar de fumar, preferiblemente durante la primera semana.

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La evaluación de los casos clínicos no va con nota, tiene como objeto, que los alumnos practiquen y obtengan metodología para la resolución de los mismos. La no resolución no implica desaprobación del curso.

Los casos clínicos son para fijar el conocimiento práctico de los pacientes. Se coloca en orden de lo que tenemos en los archivos para no repetir los mismos y saber cuál sería nuestro manejo. Para las Licenciadas de Nutrición son para entender el manejo en equipo y hablar el mismo idioma. No se las evaluará igual que a los médicos. Asimismo, deben apuntar básicamente al tratamiento nutricional.

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