EPROCAD MARZO

La composición corporal en distintas etapas de la vida
Dra. Claudia Freylejer y Dr. Luis Di Girolami

El estudio de la composición corporal implica el conocimiento de los métodos existentes para su análisis, y de los factores biológicos que influyen sobre la misma. Dentro de los primeros, se encuentran un amplio y heterogéneo conjunto de técnicas de medición que permiten conocer la estructura del organismo. Se puede interpretar la composición corporal utilizando métodos comparativos , donde los datos del individuo en estudio se cotejan con los observados en las tablas de referencia (de peso normal, de perímetro de brazo, de índice de masa corporal, etc.) o emplear métodos cuantitativos , donde el cuerpo humano está dividido en compatimientos que sumados representan la masa corporal total.

Uno de los modelos más utilizados por su practicidad, es el bicompartimental que divide al cuerpo humano en dos grandes compartimientos: masa magra (MM) y masa grasa (MG). Esta última, compuesta no solamente por tejido adiposo (83 %) sino también por 2 % de proteínas y 15 % de agua. En realidad, el estudio de la composición corporal es más complejo que el detallado en las líneas superiores donde solamente se logra una aproximación a la misma; es por ello que, para poder comprender la composición corporal y su variación a lo largo de la vida, es necesario primero conocer la estructura de los componentes corporales. El modelo de estudio propuesto por Z. Wang es el que mejor lo explica. El autor divide al cuerpo humano en cinco niveles: nivel I: atómico, nivel II: molecular, nivel III: celular, nivel IV: tisular y nivel V: corporal total. Durante el transcurso de la vida se van produciendo cambios en los distintos niveles, lo que ocasiona modificaciones en la composición corporal.

La figura 1 muestra los niveles y sus principales componentes

Fig. 1 Modelo de cinco niveles de la composición corporal.
(Shils y col. Human Nutrition in Health and Diseases, 1998)

Dentro de los métodos comparativos, los antropométricos son generalmente sencillos de implementar y de bajo costo. Las mediciones y técnicas antropométricas permiten obtener datos de peso, talla, circunferencias, pliegues grasos, diámetros, etc. Se pueden agrupar en tres categorías: el peso corporal y la talla, estimaciones de la adipocidad y reservas energéticas, y reserva proteica.

Peso corporal y talla : el primero es la suma de todos los componentes en cada nivel de composición. El peso es una medida general de las reservas energéticas y sus modificaciones son paralelas al balance de energía y proteínas. El peso en un individuo sano varía menos de 0,1 kg. al día y su composición corporal se mantiene en un estado dinámico; esto implica que al finalizar el día el balance neto de proteína y energía sea cero y su peso corporal constante.

La obtención de la talla o estatura permite agrupar a las personas de la misma altura según el sexo y la edad, estableciendo criterios de normalidad a través de las tablas de peso y talla. Con las dos primeras mediciones mencionadas podemos obtener mediante una fórmula sencilla, P/T 2 , el índice de masa corporal (IMC) parámetro que nos permite clasificar a los individuos de acuerdo a su peso en distintas categorías ponderales. Además si utilizamos los pliegues cutáneos (bicipital, subescapular, suprailíaco, tricipital) y el diámetro sagital (mide grasa intraabdominal) se puede caracterizar la distribución del tejido adiposo del individuo en estudio. Para algunos de los pliegues cutáneos mencionados existen tablas percentiladas; es por ello que, su análisis permite inferir si el mismo se encuentra dentro de los parámetros de la normalidad o alejado del mismo.

En la actualidad hay un gran interés en la distribución de la grasa corporal. Estudios a largo plazo demuestran que hombres y mujeres con un índice elevado entre las circunferencias del abdomen y de las caderas (configuración de la manzana) muestran mayor insulinorresistencia, posiblidad de desarrollar el Sindrome X plurimetabólico, una mortalidad más elevada por enfermedad cardiovascular y accidente vascular cerebral, que aquellos con índice bajo (configuración pera).

Estimaciones de adipocidad y reservas energéticas : la antropometría es el método más sencillo y de menor costo para medir los depósitos subcutáneos de grasa. En las personas sanas la cantidad de grasa es muy variable. Para medir la grasa corporal se requieren dos instrumentos: un plicómetro y una cinta métrica. Los tipos de mediciones que se realizan son dos: el grosor de los pliegues y los perímetros de las extremidades o del tronco. La medición de un pliegue, en el cual se incluye una cantidad pequeña y constante de piel y cantidades variables de tejido adiposo, representa los componentes de los cinco niveles de la composición corporal

También se puede inferir la cuantía del compartimiento graso utilizando la interactancia infrarroja. Este método mide la grasa corporal total a través de la estimación de la grasa encontrada a nivel del músculo bíceps. La técnica se basa en la emisión de una radiación electromagnética en el espectro cercano al infrarrojo, la que atraviesa el tejido a medir y es absorbida por la grasa tisular.

  1.   Pliegue del biceps. Levante el pliegue sobre la cara anterior del brazo, al mismo nivel que el pliegue del tríceps y el perímetro de la parte media del brazo. El brazo cuelga relajado a un costado del paciente.
  2. Pliegue del triceps. Tome la piel y el tejido subcutáneo 1 cm por arriba del punto medio entre la punta del acrómion y el olécranon. El pliegue va paralelo al eje longitudinal del brazo. El brazo cuelga relajado y en posición vertical.
  3. Pliegue subescapular . La piel se levanta 1 cm bajo el ángulo inferior de la escápula y el brazo del paciente relajado.
  4. . Pliegue suprailiaco . Eleve este pliegue 2 cm por arriba de la cresta ilíaca en la línea media axilar.

Uno de los perímetros más utilizados en antropometría es el de la parte media del brazo, donde se evalúa el músculo, la grasa y el hueso. Esta zona, de la cual existen tablas con valores normales según sexo y edad, es sensible al estado nutricional actual y es de frecuente implementación junto con el pliegue cutáneo del tríceps, para medir la circunferencia muscular del brazo (estima las reservas subcutáneas de grasa en ese sitio) y de esta manera valorar la masa corporal total.

Reserva proteica : para su estimación un método muy utilizado es la bioimpedancia. Este procedimiento permite calcular el volumen de agua a partir del comportamiento del paso de una corriente eléctrica a través del cuerpo, usando el principio de la diferente conductividad de los tejidos según su contenido hidroelectrolítico. Calcula el agua corporal total y a través de fórmulas de predicción estima la masa magra del individuo.

Para estudiar la composición corporal de una manera sencilla lo ideal es dividir al ser humano en dos compartimierntos: uno graso (reserva calórica) y otro magro (reserva proteica). Para evaluar la cuantía del primero podemos emplear los pliegues cutáneos, la circunferencia de la cintura, el diámetro sagital (mide grasa intraabdominal) y la interactancia infrarroja; para el segundo la circunferencia muscular del brazo y la bioimpedancia.

INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Se considera infancia al lapso que abarca desde el nacimiento hasta la pubertad. Es durante este período que se suceden en forma vertiginosa y permanente cambios en la composición corporal. Según la etapa evolutiva del individuo se suceden permanentes modificaciones, ya que el crecimiento del organismo cambia la proporción de los segmentos y la relación cuantitativa de los órganos. En el recién nacido, por ejemplo, los músculos explican solamente el 22 % de peso mientras que en el adulto son el 40 %.

Peso : el peso del nacimiento se duplica al 5 mes, se triplica al año y se cuadruplica al término de los dos años de edad. A partir del segundo año y hasta la pubertad el aumento anual oscila entre 2 - 3 kilogramos. A los 7 años de edad ya el niño debe tener como promedio 7 veces el peso del nacimiento.

La grasa relativa del cuerpo sigue en aumento durante los seis meses de vida postnatal hasta un máximo del 25 % y un mínimo de casi 13 % en varones y 19 % en mujeres al final de la infancia.

Durante el crecimiento puberal ocurren cambios en la composición corporal que varían según los sexos: en el varón se observa un incremento de la masa magra, con aumento del gasto energético abastecido mediante un aumento paralelo de la cantidad y el tamaño de los adipocitos. En cambio en las niñas, el incremento del tejido graso tiene como finalidad permitir la aparición de la menarca y la iniciación de ciclos sexuales fértiles.

Debido a las importantes variaciones en la composición corporal en este período de la vida, existen ecuaciones y tablas específicas que estiman la grasa corporal y la masa magra en esas edades. En el cuadro 2 se pueden observar claramente la disparidad en las diferentes etapas de la vida al comparar el peso, la masa magra y la masa grasa.

Cuadro 2 Composición corporal en distintos momentos de la vida.

 

 

Recien Nacido

Niño de 10 años

Niña de
10 años

Hombre
adulto

Mujer adulta

Peso (KG)

3.4

31

32

72

58

Masa Magra (KG)

2.9

27

26

61

42

Masa Grasa (%)

14

13

19

15

28

El niño tiene dos períodos de crecimiento intensivo: uno que sigue al nacimiento y otro en la pubertad. Durante la última el crecimiento del niño se acelera, antecediendo de esta manera a la maduración sexual. El aumento del ritmo se produce alrededor de dos años antes en las mujeres que en los varones. En este período de rápido crecimiento, el aumento anual es de 4 a 6 kilogramos y aún más, dependiendo de factores constitucionales, persistiendo durante 2 a 3 años y decreciendo luego rápidamente hasta cesar.

Talla : el promedio al nacimiento es de 50 cm, al 4 mes 60 cm; al año, 75 cm y a los 2 años, 85 cm. A partir del segundo año de vida el aumento anual de la talla es de 4 a 5 cm, y en el período puberal de 8 a 10 cm. El crecimiento se detiene generalmente a los 17 años en la mujer y a los 18 años en el hombre. Sin embargo, algunos adolescentes crecen 1 ó 2 cm después de la edad considerada promedio.

El crecimiento (resultado del incremento en el tamaño y el número de las células) es un proceso continuo, que se puede graficar como una curva ascendente durante los primeros años de vida. Luego se hace progresivamente menos empinada hasta la adolescencia, etapa en la que tras el empuje puberal se incrementa la estatura, hasta que alcanza la talla final en la adultez.

El estudio de la composición corporal durante el crecimiento da una información más exacta sobre el estado nutricional que el simple seguimiento pondo estatural del niño.

En la infancia y en la adolescencia las medidas antropométricas más utilizadas son: el peso corporal, la estatura, los pliegues cutáneos y el perímetro braquial.

Junto con el empuje de crecimiento y el desarrollo sexual, ocurre simultáneamente un crecimiento muscular y de todos los órganos y segmentos corporales. Por lo tanto, las mediciones de crecimiento y de la composición corporal que reflejan el aumento de la masa magra, la masa grasa, y la masa ósea, tienen una relación directa con la etapa de maduración sexual lograda durante la adolescencia.

El dismorfismo sexual en la composición corporal aparece desde el principio de la vida, mucho antes de que madure la función gonadal. Una vez que la adolescencia se inicia, la diferencia sexual se hace más pronunciada, el brote súbito de la masa magra en varones es mucho más rápido, en tanto que las mujeres adquieren más grasa. Entre las edades de 10 a 20 años, el incremento promedio de masa magra es de 33 kilogramos en los varones, pero sólo de 16 kilogramos en las mujeres. La diferencia sexual en la magnitud del brote súbito de la masa magra en la adolescencia, tal vez se deba al hecho de que la tasa de producción de testosterona en los hombres es casi seis veces superior a la de las mujeres.

Aunque el estilo de vida y las prácticas alimentarias de la familia pueden modular la cantidad de grasa corporal, estudios de niños adoptados suministran evidencias de la participación de la herencia en la distribución y monto adipocitario.
ADULTEZ

Las modificaciones en el peso corporal derivadas de los cambios en el balance de energía, casi siempre involucran a ambos componentes del cuerpo (MM y MG). Sin embargo, la grasa corporal tiene una mayor variabilidad que la masa magra cuando se la compara entre individuos de la misma edad y sexo.

El porcentaje normal de grasa corporal depende principalmente de dos variables: la edad y el sexo. El porcentaje graso normal en los varones menores de 24 años es del 15 %, mientras que en las mujeres es esperable encontrar hasta un 20 %.

Las diferencias en la composición corporal encontradas durante la adolescencia según el sexo se mantienen durante la adultez. Es por ello que la mujer tiene en promedio un 30 % menos de masa magra que el hombre, siendo en consecuencia sus requerimientos de energía y proteína menores.

La distribución de la grasa corporal se encuentra sujeta a múltiples factores como la edad, la raza y los cambios hormonales propios de cada sexo. Las mujeres tienden a adquirir un mayor componente graso, de distribución fluctuante según el nivel hormonal; es por ello que en la etapa estrogénica la distribución adiposa es ginoide (forma de pera) mientras que en la menopausia es androide (aumento de adiposidad visceral). Los varones, los ancianos y los sujetos obesos, tienden a acumular un mayor porcentaje de tejido adiposo en los compartimientos subcutáneo y visceral, en comparación con las mujeres, las personas jóvenes y las delgadas respectivamente.

VEJEZ

El envejecimiento ha sido asociado con cambios importantes en la composición corporal, en la distribución grasa y en el gasto metabólico basal.

La composición corporal sufre cambios importantes durante el transcurso de la edad adulta En ambos sexos hay descenso de la talla; en el varón se observa pérdida de masa magra desde los 40 años y en la mujer algo más tardíamente. La disminución se estima a razón del 6,3 % por cada década de la vida. Esta merma se compensa con un aumento de la grasa total, manteniendo estable el peso del cuerpo. Estudios transversales y longitudinales demostraron que la pérdida más importante de la masa magra ocurre en los hombres entre los 41 a 60 años, y en las mujeres recién después de los 60 por efecto hormonal.

El aumento de la grasa corporal en la vejez se ubica principalmente alrededor de las vísceras y de los músculos, con reducción de la grasa subcutánea. Este cambio en los patrones de depósito graso desde las zonas periféricas a las centrales favorece la aparición de complicaciones metabólicas como el Síndrome X o de insulinorresistencia, reconocidos factores de riesgo de enfermedad cardiovascular.

En esta época de la vida los pliegues cutáneos para evaluar cuantía de compartimiento graso no son muy confiables, principalmente por las alteraciones en la elasticidad y en la compresibilidad de la piel, así como también por la atrofia de los adipocitos subcutáneos.

La disminución de la masa magra, denominada sarcopenia , es recuperable si el sujeto realiza ejercicios de resistencia durante por lo menos 10 semanas, y luego sostiene una rutina para su mantenimiento. Si esto no sucede, la consecuencia que se observa es la disminución de los requerimientos energéticos basales y la declinación funcional de los órganos, debido a la reducción de la masa de los tejidos viscerales que los componen.

A través de estudios comparativos se observó que a partir de los 75 años, la masa magra del hombre es equivalente a la del prepúber (14 años), y la de la mujer a la de una muchacha de 13 años. En resumen, gran parte del monto de la masa magra que se adquiere durante el brote súbito de crecimiento en la adolescencia, se disipa en el proceso de envejecimiento.

Aún hoy se siguen estudiando nuevas ecuaciones que reflejen los cambios de la composición corporal en esta etapa de la vida, en la que se aprecian sustanciales modificaciones en el tamaño, la forma y las proporciones del cuerpo.

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