64 REUNION ANUAL DE LA ASOCIACION AMERICANA DE DIABETES
4-8 Junio 2004. Orlando, USA.
Resúmenes realizados por Dr. Adolfo V. Zavala.
INTRODUCCIÓN: EL SÍNDROME METABÓLICO Y LA INFLAMACIÓN.
Vivian Fonseca. Universidad Tulane. Centro de Ciencias de la Salud. New Orleans. Louisiana.
Datos recientes sugieren que un bajo grado de inflamación es un importante predictor de la enfermedad cardiovascular y de los eventos cardiovasculares. El desarrollo de una prueba confiable para medir la inflamación con la proteína C reactiva en plasma (CRP) provee al médico una herramienta adicional para estratificar el riesgo en pacientes.
De considerable interés es el hecho que la inflamación, manifestada por una elevación en plasma de la CRP, está asociada con obesidad, y, entonces, ha sido recientemente demostrado que tiene un vínculo cerrado con la insulinoresistencia y el síndrome metabólico. Los datos sugieren que un número de citoquinas liberadas por el tejido adiposo estimulan la producción de CRP en el hígado. Estas mismas citoquinas activan la inflamación en las paredes arteriales, provocando la adhesión de células blancas que lleva al desarrollo de inflamación arterial, que es una etapa temprana de aterosclerosis.
La inflamación también está envuelta con los últimos estadios de la aterosclerosis cuando las células espumosas y estrías grasas, son vistas como finas placas, y las enzimas asociadas con la inflamación están envueltas en la ruptura de la placa llevando a trombosis e infarto de miocardio. Varios estudios han demostrado que este proceso está acelerado en la gente con diabetes.
Recientes datos demuestran que la insulina tiene un efecto potente en la supresión de la cascada de eventos asociados con la inflamación que dispara la enfermedad cardiovascular. La insulina ha sido mostrada como poseedora de propiedades antiinflamatorias en individuos normales así como en pacientes con diabetes. De cualquier manera, en la presencia de insulinoresistencia hay menos supresión de esta vía por la insulina, contribuyendo así al estado inflamatorio. Además, los insulinosensibilizantes disminuyen la inflamación y pueden hacer esto reforzando el efecto de la insulina en esta vía.
INSULINA COMO UN FACTOR DE CRECIMIENTO EN LA ATEROGÉNESIS EN LA PRESENCIA DE INSULINORESISTENCIA
Boris Draznin. Universidad de Colorado. Centro de cuidado de la salud. Denver VA Centro Médico. Colorado.
La asociación de insulinoresistencia con aterosclerosis y enfermedad cardiovascular es un hecho clínico y epidemiológico bien establecido. El tema es complicado por el hecho que una hiperinsulinemia compensatoria - una insulinoresistencia sine qua non - está siempre presente en el estado de insulinoresistencia. Además, el mecanismo molecular que puede conectar la insulinoresistencia con el desarrollo y / o progresión de aterosclerosis permanece enigmático. Para resolver la cuestión de la culpabilidad de la insulinoresistencia versus hiperinsulinemia, nosotros desarrollamos un paradigma experimental en el cual la insulinoresistencia metabólica es imitada por inhibidores de la vía de señales de la PI dependiente de la kinasa 3. La actividad de esta última está siempre disminuida en los estados de insulinoresistencia. Esta aproximación experimental reveló que la acción de la insulina por la vía de la kinasa Ras/MAP permanece intacta en la presencia de insulinoresistencia y puede mediar una gama de efectos de la insulina tanto en las células del músculo liso endotelial y vascular. En la presencia de una disminución de la fuerza de señales a través de la vía de la PI dependiente de la kinasa 3 (insulinoresistencia metabólica), la insulina no es muy capaz de estimular la producción de óxido nítrico, antagonizando la expresión de moléculas de adhesión inducida por el factor de crecimiento endotelial vascular (VEFG), o manteniendo un fenotipo diferenciado de células de músculo liso vascular. Así, la acción normal anti-aterogénica de la insulina resulta ser proaterogénica en el estado de insulinoresistencia.
EFECTOS ANTIINFLAMATORIOS DE LA INSULINA: IMPLICANCIAS PARA LA ATEROSCLEROSIS Y SUS COMPLICACIONES:
Paresh Dandona. Centro de Diabetes y Endocrinología del Oeste de Nueva York. Buffalo. Nueva York.
La diabetes tipo 2, la obesidad, el síndrome metabólico son estados de insulinoresistencia asociados con aterosclerosis acelerada y un incremento en la incidencia de ataques cardíacos y ACV. Un reciente trabajo ha mostrado que los mecanismos de inflamación sistémica pueden ser la base de la patogénesis tanto de la aterosclerosis como de la insulino-resistencia. Las lesiones ateroscleróticas están caracterizadas por infiltrados inflamatorios subendoteliales con monocitos, macrófagos, y células espumosas. Estas células secretan citoquinas proinflamatorias, quimiosinas y metaloproteínas de la matriz, lo que lleva a inflamación e inestabilidad de la placa ateroclerótica. La obesidad también está caracterizada por infiltración de macrófagos en el tejido adiposo. Los macrófagos activados en ambos sitios - arterial y tejido adiposo - secretan citoquinas proinflamatorias, incluyendo quimiosinas, para reforzar aún más la inflamación y atraer más monocitos a los sitios inflamatorios. En el tejido adiposo, las citoquinas inflamatorias inducen la activación proinflamatoria de adipositos. Estas citoquinas, como el factor de necrosis tumoral (TNF alfa) y la interleuquina IL - 6, interfieren con la señal de insulina. Así, los mecanismos base de la aterogénesis y de la insulinoresistencia son similares.
El descubrimiento que la insulina ejerce efectos antiinflamatorios y supresivos de las especies reactivas al oxígeno (ROS) es consistente con el hecho que los estados de insulinoresistencia son proinflamatorios y están asociados con estrés oxidativo. El descubrimiento que la troglitazona y la rosiglitazona no son sólo insulinosensibilizantes sino también rápidamente antiinflamatorios en acción, refuerza el paradigma que la insulino-resistencia y la inflamación pueden estar casualmente relacionadas. Esta combinación de acciones es consistente con el concepto que estas drogas no serían solamente efectivas como agentes antidiabéticos sino también serían potencialmente antiateroscleróticas a largo plazo. Además, al igual que la insulina, ellas también suprimen la generación de ROS y así ejercen un efecto antioxidante. Esto ayuda a restablecer la reactividad vascular anormal en obesos y pacientes diabéticos hacia lo normal.