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Efecto de una alta ingesta proteica versus una alta ingesta de hidratos de carbono sobre la sensibilidad a la insulina, el peso corporal, la HbA1c y la presión arterial en pacientes con Diabetes Mellitus tipo 2
Sagrad, K., Homko, C., Mozzoli, M y col. Journal of the American Dietetic Association. 2005; 105: 573-580
Casi todos los pacientes obesos con diabetes tipo 2 son insulinorresistentes y tienen algún rasgo del síndrome de insulinorresistencia (también llamado síndrome metabólico), como hipertensión arterial, dislipidemia, predisponiendo al desarrollo acelerado de aterosclerosis. Si bien está generalmente aceptado que las dietas para bajar de peso deben ser el acercamiento terapéutico inicial, no hay consensos sobre la composición de macronutrientes que éstas deben tener. Las dietas extremadamente bajas en hidratos de carbono y muy ricas en proteínas son métodos populares de descenso de peso. La adherencia a estas dietas es pobre y sin efecto a largo plazo, y la seguridad de ellas en pacientes diabéticos tipo 2 es desconocida.
El objetivo del estudio fue evaluar los efectos de cambios menos extremos en hidratos de carbono o proteínas de la dieta sobre el peso, la sensibilidad a la insulina, el control glucémico, factores de riesgo cardiovascular (como presión arterial, niveles lipídicos en plasma) y función hepática y renal en la población de obesos con diabetes Tipo 2.
El estudio fue realizado en el Centro de Investigación Clínica General, Filadelfia. Fueron randomizados 12 pacientes con diabetes tipo 2: 6 pacientes (5 mujeres y 1 hombre) recibieron una dieta rica en proteínas (40 % hidratos de carbono, 30 % proteínas y 30 % grasas) y otros 6 pacientes (4 mujeres y 2 hombres) recibieron una dieta rica en hidratos de carbono (55 % hidratos de carbono, 15 % proteínas y 30 % grasas). Todos recibieron instrucciones orales y escritas y fueron incentivados a completar formularios alimentarios.
Los pacientes del estudio asistieron al Centro por 24 horas para evaluaciones iniciales, incluyendo medición de sensibilidad a la insulina, análisis de bioimpedancia y mediciones antropométricas (para valoración de la composición corporal), calorimetría indirecta (para medición de requerimiento energético en reposo), monitoreo electrónico de presión arterial y muestras de sangre para medir niveles lipídicos, conjuntamente con la función hepática y renal. Luego de estas evaluaciones fueron despedidos del centro con instrucciones de realizar la dieta en sus casas. Todos los pacientes regresaron al centro una semana después para monitoreo de registros alimentarios, adherencia a la dieta y medición del peso corporal, presión arterial y glucosa sanguínea. Después de 8 semanas de realizar dichas dietas, los pacientes volvieron a ser controlados con los mismos parámetros de evaluación anterior. Además, durante las semanas 1 y 8 los nutricionistas realizaron llamadas telefónicas para registrar las ingestas de 2 días de la semana y 1 del fin de semana. Esta información (6 recordatorios de 24 horas por paciente) fue usada para realizar el análisis nutricional.
Resultados: Ambos grupos bajaron de peso (-2.2 + 0.9 kg, -2.5 + 1.6 kg) y la diferencia entre ellos no fue significativa. En el grupo de alta ingesta de hidratos de carbono la HbA1c bajó (de 8.2 % a 6.9 %), la glucemia bajó (de 8.8 a 7.2 mmol/L) y la sensibilidad a la insulina aumentó (de 12.8 a 17.2 u mol/kg/min). Cambios no significativos en estos parámetros ocurrieron en el grupo de alta ingesta proteica. Luego de 2 meses con estas dietas hipocalóricas, ambas carecieron o tuvieron mínimos efectos sobre los lípidos plasmáticos (colesterol total, LDL, HDL), función renal (nitrógeno ureico urinario, creatinina sérica) o función hepática (aspartato aminotransferasa, alanina aminotransferasa, bilirrubina).
Las kilocalorías estimadas de ambos grupos no fueron significativamente diferentes entre sí. El consumo de sodio fue mayor en el grupo de alto porcentaje de hidratos de carbono que en el de alto porcentaje de proteínas, mientras que no hubo diferencia significativa en la ingesta de calcio y potasio. La ingesta de fibra fue menor en el grupo de alto porcentaje de hidratos de carbono, que el de alta ingesta proteica. La ingesta de colesterol fue no significativamente mayor en el grupo de alto porcentaje proteico. El gasto energético basal fue similar en ambos grupos y no cambió durante el estudio.
Los ácidos grasos libres basales disminuyeron en el grupo de alto porcentaje de hidratos de carbono y permanecieron sin cambios en el grupo de alto porcentaje proteico. Los niveles de insulina basal tendieron a descender en el grupo de alta ingesta de hidratos de carbono y en el de alta ingesta proteica. Se observaron cambios no significativos similares en las concentraciones de péptido C en ambos grupos. En el grupo de alta ingesta proteica, tanto la presión sistólica como la diastólica descendieron entre la visita basal y las 8 visitas semanales, mientras que el grupo de alta ingesta de carbohidratos no presentó cambios. La concentración plasmática de colesterol total, LDL , HDL y triglicéridos tendieron a bajar en forma similar en ambos grupos, pero sólo el pequeño descenso de HDL en el grupo de alta ingesta de HC y descenso de LDL en el grupo de alta ingesta proteica fueron estadísticamente significativos. Los valores de urea y creatinina plasmáticas no cambiaron en respuesta a la dieta de alto porcentaje de hidratos de carbono o alto porcentaje de proteínas.
El peso corporal disminuyó en forma comparable en ambos grupos (-2.2 + 0.9 y -2.5 + 1.6 respectivamente), confirmando muchos reportes previos, en los que se decía que la pérdida de peso está primariamente determinada por la restricción calórica más que por la composición de macronutrientes de la dieta. La similitud de los cambios de peso nos permite comparar los efectos de ambas dietas sobre el control glucémico, sin la confusa influencia que diferentes rangos de pérdida de peso podrían haber creado.
Los resultados mostraron que las dietas de mayor porcentaje de hidratos de carbono bajaron la glucemia en ayunas y HbA1c y las de alto porcentaje de proteínas no lo hicieron. La magnitud de esas dietas ricas en hidratos de carbono que indujeron mejoras sobre la glucemia en ayunas y HbA1c estuvieron en el mismo rango que los cambios observados en pacientes comparables, tratados con hipoglucemiantes orales (sulfonilureas, biguanidas o tiazolidinedionas). Estudios anteriores habían mostrado que mucho mayores ingresos de hidratos de carbono que los usados aquí bajaron la glucemia en ayunas y mejoraron la tolerancia oral a la glucosa en personas no diabéticas y en pacientes con diabetes tipo 2 leve. Esto sugiere que modestas modificaciones en el comportamiento alimentario de pacientes obesos con diabetes tipo 2 puede lograr un descenso de peso comparable al obtenido con dietas muy bajas en hidratos de carbono, puede mejorar el control glucémico y es menos onerosa y más aceptada.
Verónica L. Sánchez
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